En los últimos años, se viene haciendo énfasis en la necesidad de una
educación de calidad, donde se fortalezcan aprendizajes creativos,
innovadores, constructivistas, colaborativos, motivadores y, significativos.
Aprendizajes que lleven a construir conocimientos, al desarrollo de habilidades
y destrezas útiles para la vida. Parar ello, se hace necesario hacer uso de
estrategias o recursos pedagógicos que contribuyan al desarrollo de las
habilidades intelectuales del estudiante, que lo lleven a resolver problemas,
elaborar propuestas y buscar soluciones en cualquier contexto en el que se
desenvuelva.
En este sentido, se trata de propiciar el desarrollo cognitivo del
estudiante, por lo que el ajedrez, viene a constituir una estrategia, tal como lo
refiere Blanco (2007a): “para organizar la esfera cognitiva del ser humano; es
decir, el ajedrez permite desarrollar habilidades para resolver situaciones
problemáticas, realizar conjeturas, comprobar hipótesis y plantear nuevos
problemas” (pág. 81). Por tal motivo, el ajedrez tiene un marcado carácter
educativo sobre la personalidad del ser humano, en particular en los
estudiantes, quienes en su accionar educativo pueden demostrar sus
habilidades en las diferentes situaciones que se le presenten.
Desde esta perspectiva, se puede señalar que a través de la práctica
de ajedrez se pueden desarrollar las inteligencias del educando, utilizando
esta disciplina deportiva como estrategia pedagógica en el proceso de
enseñanza-aprendizaje. Para Blanco, Fernández, Mayor y Martos (2010): el
ajedrez puede ser una excelente herramienta para educar y mejorar la
inteligencia emocional de quienes la practican.
Cabe referir que las inteligencias de acuerdo con Gardner (citado en
López, 2006a): son “la capacidad para resolver problemas y crear productos
que son de importancia en el contexto cultural o en una comuna determinada”
(pág. 9). En este sentido, se tiene como premisa, valorar la educación a partir
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Artículo
1. Introducción