instituciones educativas, sobre la base del reconocimiento de la
necesidad del desarrollo de valores.
Es importante retomar en este caso, el rol del docente en el proceso
enseñanza – aprendizaje, pues a través de su preparación pedagógica y
científica logra extender fuera de sí, todos los elementos que permitan el
despliegue del proceso el redescubrimiento y reconstrucción del conocimiento
por parte del estudiante; de sus particularidades personales, la relación de
comunicación en sus distintos tipos de función (informativa, afectiva y
reguladora) que permita un ambiente de cooperación y de colaboración, de
actividad conjunta dentro del aula.
El docente tutor tiene que caracterizarse por la autenticidad, seguridad,
el respeto y la motivación hacia la actividad; con una adecuada acción
generadora de bienestar emocional en los participantes, de interacción, de
intercambios, y en los marcos de un clima de respeto en el aula.
4. La elaboración de proyectos de vida para identificar los problemas
profesionales y contenidos a desarrollar en los programas de educación
continua, desde la reflexión en el trabajo en grupo.
Se asume como proyecto de vida, “la medida en que asumimos
conscientemente nuestros ideales y planificamos nuestro camino personal
para llegar a ellos. Será por tanto una elevada expresión de nuestra conciencia
y un producto del desarrollo de nuestra personalidad”. (Pino, s.f.). El propio
autor plantea que la posibilidad de crear proyectos y planes de vida eficientes
está estrechamente vinculada al conocimiento de sí y del entorno que alcance
el sujeto, a la calidad de su autorreflexión y al nivel de autodeterminación
desarrollado.
Se desarrolla la elaboración de los proyectos de vida en integración con
la del acompañamiento, el trabajo autónomo y los talleres de autorreflexión
participativo, lo que facilita identificar las necesidades y potencialidades desde
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Artículo Arbitrado
3. Estimular procesos de cooperación académica entre la universidad e