1. Introducción
La educación Universitaria a nivel mundial se ha percibido como parte
del proceso de formación formal del individuo, promoviendo en las personas
entre otras cosas, el autodescubrimiento y aprendizaje sobre el mundo,
fomentando el desarrollo personal y social. De modo que el proceso de
formación en valores sociales en el mundo actual es considerada una tarea
ardua y compleja que compete a la familia, la universidad y los docentes, los
cuales cumplen una gran labor, especialmente los docentes ya que estos
asumen la delicada misión de
ayudar a descifrar cada una de las
informaciones recabadas o inculcadas en el educando; es decir, el docente es
quien media entre este y el aprendizaje para que de esta forma el estudiante
pueda discernir entre lo adecuado e inadecuado para integrarlo a su
comportamiento.
De manera que, el docente conjuntamente con el estudiante debe
asumir el reto y el compromiso de ser entes propulsores del desarrollo y
evolución del proceso de formación en valores, que en consecuencia es
razonada la esencia propia de la persona, de su proceso de auto concepción,
construcción de sí mismo y de la sociedad donde se desenvuelve, porque a
través de la consolidación de los valores sociales, se puede conseguir la
formación de un ciudadano capaz de comprometerse con el presente y con el
futuro de su país, también a valorar y dar identidad, tanto a su entorno como a
su propia persona, a su cultura y a todo lo que conlleve a actuar de manera
honesta y autentica.
De allí que, se puede afirmar que el tema de los valores sociales es de
vital importancia, ya que adquirirlos a través de la experiencia promueve el
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Arbitrado
“El hombre sencillo que vive rigurosamente
según las tradiciones religiosas y sociales
de su grupo no tiene nunca ningún
problema axiológico”
Publio Siro