hacerse infinidad de elucubraciones y transformaciones en la enseñanza
moral:
Dijo el ojo un día: “Veo más allá de estos valles una montaña
velada por la niebla. ¡Cuán bella es¡”. Escuchaba el oído, y
después de prestar mayor atención, dijo: “Pero ¿Dónde está la
montaña? Yo no la oigo”. Luego habló la mano, y dijo: En vano
trato de sentirla o de tocarla; no encuentro montaña alguna”. Y
dijo la nariz: “no hay ninguna montaña. No puedo olerla.
Entonces el ojo volteó al otro lado y todos comenzaron a
discutir acerca de la extraña ilusión del ojo, y dijeron: “Algo
grave le habrá sucedido al ojo” (pág. 160).
Desde esta óptica, la narración constructiva, contentiva de figuras
sensibles, estimulan el consenso, el acuerdo y la organización en el estudio,
ofrecen fuerza expresiva superior al lenguaje ordinario, posibilitando intuir
mejor la realidad de nuestras vidas. Con la palabra por delante, el actor
educativo ofrece muestras de sus intenciones valorativas, máxime cuando la
narrativa es de orden imaginario más que literal-textual. Relatos como el
citado, anticipan el realismo crítico, son el comienzo de un proceso de
reflexión, discusión y participación, nos sacan del engaño respecto a nosotros
mismos, forjando valores, dado que, despierta la perspicacia interpretativa, la
dialéctica en el encuentro y, advierte de las múltiples distorsiones del
convencionalismo y orden social.
No hay mejor forma de explanar algo, que usar el ejemplo unido a la
comparación, en consecuencia durante el espacio-tiempo de la clase, es el
momento de ilusionarnos por lo que vamos a vivir, y para que se fijen las
nuevas ideas, se pueden relatar ejemplos del dominio empírico.
6. Apostilla de Cierre
Las reflexiones hechas en este documento, constituye un espacio
epistemológico abierto, para el debate y la reflexión colectiva de las
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Arbitrado
mismo. Veamos la metáfora de Gibran (1970), a partir de la cual puede