del trabajo compartido, debe dar un giro, de manera tal, que al volver en el
encuentro, la relación alumno-profesor sea de respeto mutuo en la convivencia
de lo que se interpreta como humano.
Desde esta episteme, se justifica la imaginación y el valor simbólico del
Río Orinoco, toda vez que dilucida la prospectiva de un escenario ávido de
nuevas posturas pedagógicas emergentes en la educación venezolana.
Contribuirá, además, a que los actores del escenario educativo, eliminen viejos
modelos frustrantes que generan miedo, trabas y bloqueo al estudiante
dificultando el aprendizaje.
Cuando el docente activa su repertorio metafórico: se convierte en un
agente dinamizador del entorno sociocultural del alumno y su familia. Amplía
sus conocimientos pedagógicos y el de las características particulares del
alumnado, favoreciendo la interiorización de los valores básicos para la vida y
la convivencia, como también los valores sociales, culturales, religiosos,
patrios, entre otros, dado que:
Las imágenes que evocan las metáforas invitan a la mente a pensar
distinto, a posicionar otros mensajes y a llegar a conclusiones innovadoras,
además, abre la posibilidad de interacción dialógica a los jóvenes estudiantes,
que llegan a las instituciones con escasa experiencia discursiva, esta
herramienta le brindará la oportunidad, de trabajar en grupo y mantener
relaciones interpersonales abiertas y positivas. Dado que, La sabiduría del
género humano está contenida en parábolas, anécdotas, máximas, fabulas e
imágenes.
4. Metaforizar con el Estudiante
El sustento que debe mantener la unión padres-hijos y, en al ámbito
escolar profesor-estudiante, es el valor de la integración humana de buena
voluntad, mediante el lenguaje cotidiano; en ambos actores del fenómeno
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Arbitrado
un río de seres, desconectados y sin vida propia. El hecho educativo a la luz