es un proceso de pensamiento o ideas. Obviamente, la docencia no puede ser
pensada como un trabajo individual, personal e influyente. No puede definirse
como un dominio del saber letrado, con autoridad legítima e inapelable
(Hernández, 2012:4).
En términos de realidad objetiva, podemos preguntarnos ¿podrá una
persona en formación académica, transmitir una porción de sus valores a
través de expresiones que denotan imaginación metafórica? Seguramente la
respuesta es afirmativa, pero lo más viable a comentar, es que se trata de una
confusa hilaza ontológica inaprehensible en su totalidad.
Con lo dicho, pretendemos decir que la noción de valor, es una
distinción propuesta en el verbo, para explayar la multidimensionalidad del
comportamiento del hombre, es así, como en la familia y la escuela, nos
reconocemos en valores éticos, morales, sociales, culturales, personales,
jurídicos, religiosos y deportivos entre otros. En efecto, las grandes obras
literarias como la Santa Biblia, cuyo contenido textual advierte una
deslumbrante parábola, su análisis, es infinito metafóricamente hablando,
porqué la interpretación literal, abre un contexto y un espacio histórico, para
recrear la imaginación y comparación de hechos registrados antes de Cristo y
después de Cristo.
La metáfora como fenómeno socio-comunicacional, constituye un
mecanismo pragmático del accionar conductual humano, inherente con el
comportamiento personal que denota intención o propósito, es decir, tiene per
se un carácter intencional, construido desde la interrelación conciencia-
contexto. El vehículo asidero de la metáfora es el lenguaje hablado, escrito,
mímico, virtual o electrónico, acompañado del espacio fundamental de
comunicación que es el contorno y entorno socio-cultural. Este vínculo de
relación lingüística constituye un aspecto esencial de confluencia en el
comportamiento y las acciones espontáneas de la persona.
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Arbitrado
colectivo. Más que una imagen, en el complejo sistema corporal lo que ocurre