sentimientos de amor, responsabilidad,
respeto, así como encontrar una
viabilidad a los de culpa, rencor, rabia; y promover la construcción de la paz
personal y colectiva.
Ergo, somos autores directos e interdependientes en los valores y éstos
existen para nosotros en la medida que los rescatamos en forma de metáforas,
partiendo de la realidad ontológica diaria. De tal manera, los vivimos y
construimos cotidianamente en la consciencia e inconsciencia del ser
metafórico; lo importante de esto, no es el discurso rimbombante de los
valores, sino la dependencia y la relación dialógico recursiva que
experimentamos cuando interactuamos en valores, porque es evidente que
valor-hombre es un binomio inseparable de relación histórico-lingüística
establecida.
En este sentido, su constituyente básico estructural (lenguaje,
emociones, contexto) es fuente interactuante en las relaciones persistentes
e inagotables que manifiesta su organización en lo social y cultural. El ámbito
de la expresión metafórica, parece ser un paradigma de la conciencia del
deber ser en la comunicación e información social, acogido por el hombre
como idea ejemplar de sus actos comprensivos. Diremos que, en dicho ámbito,
está implícito el campo del lenguaje de gestos y posturas personal-colectivas,
como factores sine qua non presentes en el correcto proceder del hombre en
la convivencia histórica. Es de esta manera, como nos reconocemos y
debatimos entre este fenómeno del intelecto, componente de la realidad socio-
ontológica e inmanente en la conducta humana.
No pretendemos en este documento un estudio semántico o análisis de
discurso, sino connotar
que las experiencias comunicativas que realizamos
con los valores, es también obra
de expresiones teñidas de lenguaje
metafórico en acción, por tanto, es imprescindible como investigadores
explayarnos en la configuración de este fenómeno.
344
Arbitrado
vida y conocimiento personal o colectivo, y podría contribuir a reforzar los