Mariela Eduvigis Jiménez Campos. Gerencia Académica de la Pedagogía del Amor.
Revista Scientific. - Ensayo Arbitrado - Registro nº:295-14548 - ppi. BA2016000002 - Vol. 1, Nº 1 - Agosto-Octubre 2016 - pág. 267/276
ISSN: 2542-2987
diferentes manifestaciones expresadas en la vida familiar, profesional y
ciudadana. En efecto, la acción educativa del docente implica vivir el servicio
con alegría, de tal manera que la educación en cualquiera de sus niveles y/o
modalidades sea un reencuentro atractivo, placentero, donde se fortalezca la
iniciativa, la motivación y se convierta en una aventura, permitiendo
experiencias humanas extraordinarias y un aprendizaje significativo.
Esto se evidencia en uno de los resultados obtenidos de la Consulta
Nacional por la Calidad Educativa (2014), proyecto realizado por el Gobierno
Bolivariano de Venezuela junto al Ministerio del Poder Popular para la
Educación, los cuales demuestran que los estudiantes desean un aprendizaje
desarrollado en un ambiente positivo de respeto y consideración, donde las
horas de clases sean de descubrimiento sobre el sentido de la vida, de
estímulo a la curiosidad, de comprensión de los problemas y desafíos de la
realidad local y global de manera sencilla pero sin perder profundidad.
Para ello, es necesario realizar procesos introspectivos conducentes a
reflexionar y determinar cómo ejercemos nuestra labor docente. No podemos
acompañar a los estudiantes más lejos de donde nosotros hemos llegado.
Nadie puede exigir si no da, nadie puede dar si no tiene. En este sentido, la
pedagogía del amor de acuerdo a Pérez (2014), devela que en la praxis
académica “amor” involucra ayuda, apoyo, ánimo, alegría, acompañamiento,
amistad. Igualmente, significa afirmar en el estudiante su valía y dignidad, más
allá de simpatías, del interés e inteligencia demostrada durante su aprendizaje
y aceptarlo como es, distinto a mí y a los demás alumnos.
Por esta razón, los docentes debemos movernos de nuestra zona de
confort aceptando los desafíos educativos que implican cambios en nuestra
mentalidad y actuación pedagógica, transformando nuestra praxis para
convertirnos en docentes inmersos en la pedagogía del amor. Este sentimiento
es el valor que en la praxis académica genera confianza y seguridad en todos
los actores estudiantiles. Un docente quien ame el quehacer educativo
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