Una gran compuerta se abrió y la lata de metal gigante
rodó hasta quedar adentro. Le seguí detrás sin que me
vieran. Subieron por una escalera y entraron a una
habitación. No cerraron con llave por lo que pude meter
mis patas y entreabrirla sin que se dieran cuenta.
Él apoyo sus labios con los de ella, se abrazaron,
levemente se acariciaron y le fue quitando el vestido azul.
La alzó y la tiró en la cama. Su espalda se arqueaba a
medida que la boca de él rozaba su vientre. Levemente sus
labios se abrían dejando escapar un suspiro lleno de goce.
La habitación escarlata se encendía poco a poco. El aire se
ponía más tenso.
La vi complemente desnuda, no era la primera vez, pero
era diferente. Estaba encendida, como si una llama ardiera
adentro suyo y la cubriera de una luz, de un fulgor radiante
que iluminaba toda la habitación. Una luz amarilla y
enceguecedora. Todo el aire era vapor. Y él la tocaba con
mayor lujuria y frenesí. Su piel me parecía más pálida de lo
que la había notado cuando entró a la casa. Ambos
comenzaron a dejar salir de sus bocas el delicado requiem
del placer, unánimes, como un perfecto coro. Sus cuerpos
se unían y cuando más luz era ella, más blanco se ponía él,
como si la luna y el sol danzaran juntos. Ella era el fuego y
él una perla, una lámina de plata fundiéndose sobre ella
para crear la más hermosa joya.
La intensidad de sus movimientos se acrecentaba. Él
sudaba dejando caer sobre la cama espesas gotas blancas
de todo su cuerpo. La cama comenzaba a empaparse. A
medida que caían sobre el cuerpo de Divine estas se
evaporaban creando una nube sobre el techo de la
habitación. Una nube que crecía mientras él se hacía cada
vez más delgado.
Divine se ponía cada vez más roja e hinchada. La
temperatura subió tanto que tuve que estirarme sobre el
suelo cerca de la puerta para que mi pelaje respirara un
poco.
Ambos lanzaron un alarido. Y un liquido blanco, espeso,
grumoso, fluía desde la cama hacia a mí.
El alarido de Divine fue más largo e insoportable, como
una pava avisando que el agua ya estaba en ebullición.
Luego una explosión y todo se quedó en silencio.
Divine yacía calcinada desde la pelvis hasta la cabeza.
Como si hubiese estado cubierta de pólvora todos estos
años y solo faltara una chispa para hacerla arder y la
mirada de un gato.