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Los nórdicos pensaban que los gigantes fueron las primeras criaturas que vinieron a la
vida entre los icebergs que llenaban los extensos abismos de Ginnungagap. Estos
gigantes fueron desde sus mismos comienzos los oponentes y rivales de los dioses y
como estos últimos eran las personificaciones de todo lo que es bueno y hermoso, los
gigantes representaban todo lo que era feo y maligno.
Cuando Ymir, el primer gigante, cayó sin vida sobre el hielo, muerto por los dioses, su
descendencia se ahogó en su sangre. Sólo una pareja, Bergelmir y su esposa, efectuaron
su huida hasta Jötunheim, donde establecieron su residencia y se convirtieron en los
padres de toda la estirpe de los gigantes. En el Norte se conocía a los gigantes por varios
nombres, teniendo en cuenta que cada uno tenía un significado en particular que los
describía. Por ejemplo, Jötun significaba "gran devorador", pues los gigantes eran
célebres por sus desmesurados apetitos al igual que por su tamaño poco común. Eran
aficionados a la bebida y también a la comida, por lo que también se les llamaba
Thurses, una palabra que algunos escritores afirman que tiene el mismo significado que
"sed". Sin embargo, otros piensan que debían este nombre a las altas torres (turseis) que
construyeron supuestamente ellos.
Ya que los gigantes eran antagónicos a los dioses, estos últimos siempre se esforzaban
en obligarles a permanecer en Jötunheim, que estaba situado en las frías regiones del
Polo. Los gigantes eran por lo general derrotados sin excepción en sus encuentros con
los dioses, ya que eran pesados y cortos de inteligencia y sólo poseían armas de piedra
contra las de los Ases.
A pesar de esta desigualdad, a veces eran muy envidiados por los dioses, ya que eran
muy versados en todo conocimiento referente al pasado. Incluso Odín sentía envidia de
este atributo y tan pronto como lo obtuvo el trago del manantial de Mimir, corrió hasta
Jötunheim para medirse contra Vafthrudnir, el más docto de toda la progenie de los
gigantes. Sin embargo, nunca hubiese logrado vencer a su rival en este extraño
encuentro, si no hubiese dejado de preguntar acerca del pasado y hubiese formulado una
pregunta relacionada con el futuro.
De todos los dioses, Thor era el más temido por los Jötuns, ya que él estaba
continuamente en guerra contra los gigantes de hielo y de montaña, que de buena gana
hubieran atado para siempre con sus rígidas tiras, evitando así que los hombres
cultivaran el suelo. En su lucha contra ellos, Thor, como sabemos, recurría
generalmente a su terrible martillo Mjöllnir, con el cual les golpeaba en la cabeza y les
causaba la muerte.
El Origen de las Montañas.
Según las leyendas germanas, la desigual superficie de la Tierra se debió a los gigantes,
que desfiguraron su uniformidad pisándola cuando aún estaba blanda y recién creada,
mientras que los ríos se formaron a partir de las copiosas lágrimas derramadas por las
gigantas cuando vieron los valles creados por las enormes huellas de sus esposos. Ya
que tal era la creencia teutónica, la gente imaginaba que los gigantes, que para ellos
personificaban las montañas, eran enormes y groseras criaturas que sólo podían moverse
de un lugar a otro en la oscuridad o en la niebla, y que quedaban petrificados tan pronto
como los primeros rayos del Sol atravesaban la oscuridad o nubes dispersas.