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Para desviar la tristeza de los dioses y hacerles, durante un rato, olvidar la perfidia de Loki y la pérdida de Balder, Egir, dios del mar, les invitó a que participaran de un banquete en sus cuevas de coral en el fondo el mar. Los dioses aceptaron gustosos la invitación y, vestidos con sus más ricas prendas y luciendo alegres sonrisas, se presentaron en las cuevas de coral a la hora fijada. Nadie se encontraba ausente excepto el radiante Balder, por quien muchos lanzaron un suspiro pesaroso, y el malvado Loki, a quien nadie pudo echar de menos. En el transcurso del festín, sin embargo, este último se apareció entre ellos como una oscura sombra y, cuando se le ordenó que se marchara, descargó su cólera de maldad en un torrente de improperios contra ellos. Entonces, celoso de las alabanzas que Funfeng, el sirviente de Egir, había obtenido por la destreza con la que había presentado sus respetos a los invitados de su señor, Loki se volvió hacia él súbitamente y lo mató. Ante este crimen sin sentido, los dioses echaron encolerizados a Loki una vez más, amenazándole con terribles castigos si volvía a presentarse ante ellos. Apenas se habían repuesto los Ases de esta desagradable interrupción en su festín, y regresado a sus sitios en al mesa, cuando Loki se acercó sigilosamente una vez más, reanudando sus difamaciones con lengua venenosa y mofándose de las debilidades y los defectos de los dioses, haciendo hincapié maliciosamente en sus imperfecciones físicas y ridiculizando sus errores. En vano intentaron los dioses refrenar sus injurias; su voz se elevó más y más, y se encontraba difamando vilmente a Sif, cuando se calló repentinamente ante la visión del martillo de Thor, agitado furiosamente por un brazo cuya fuerza él conocía muy bien, y huyó despavoridamente. La Persecución de Loki. Consciente de que ahora no podía albergar esperanzas de ser admitido de nuevo en Asgard, y que tarde o temprano los dioses, viendo las consecuencias de sus actos de maldad, lamentarían haberle permitido que recorriera el mundo e intentarían capturarlo o bien le darían muerte, Loki se retiró a las montañas, donde se construyó una cabaña con cuatro puertas, que siempre dejaba abiertas para asegurarse la huida en caso de necesidad. Trazando cuidadosamente un plan, decidió que si los dioses venían en su búsqueda, él correría hasta unas cataratas cercanas, según la tradición el río Fraananger y, transformándose en un salmón, evadiría a sus perseguidores. Pensó, sin embargo, que aunque pudiera fácilmente evitar los anzuelos, le resultaría difícil el escapar si los dioses fabricaban una red como la de la diosa del mar, Ran. Acosado por este temor, decidió comprobar la posibilidad de que construyeran una malla así, y comenzó a fabricar una con hilo. Aún se encontraba atareado con la labor cuando Odín, Kvasir y Thor aparecieron súbitamente en al distancia. Sabiendo que habían descubierto su refugio, Loki arrojó su red a medio terminar al fuego y, corriendo a través de una de sus siempre abiertas puertas, saltó hacia la cascada, donde, con forma de salmón, se escondió entre unas piedras en el fondo del río. Los dioses, encontrando la cabaña vacía, estuvieron a punto de marcharse, cuando Kvasir se percató de los restos de la red quemada en la chimenea. Tras pensar durante un rato le asaltó la inspiración y aconsejó a los dioses tejer un instrumento similar y