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labios y puesto fuera de su alcance, devolviéndole el niño sano y salvo a sus padres, pero diciéndoles que ya no podría ayudarles más. Skrymsli advirtió a los padres que realizaría un tercer intento para obtener al niño, tras lo cual acudieron en su desesperación a Loki, le cual se llevó al niño hasta el mar, ocultándolo con forma de un diminuto huevo, entre las huevas de una platija. Regresando de su expedición, Loki se encontró con el gigante cerca de la costa y, viendo que se disponía a emprender una excursión de pesca, insistió en acompañarle. Se sentía un tanto desasosegado por temor a que el gigante hubiera descubierto su estratagema y pensó que sería aconsejable estar allí en caso de necesidad. Skrymsli puso el cebo en su anzuelo y tuvo más o menos éxito en su pesca, hasta que súbitamente capturó la misma platija en la que Loki había ocultado su pequeña carga. Abriendo el pez sobre su rodilla, el gigantee procedió a examinar minuciosamente las huevas, hasta que encontró la que estaba buscando. La situación del niño era ciertamente peligrosa, pero Loki, viendo su oportunidad, arrebató la hueva de la garra del gigante, volvió a transformarlo en el niño y le indicó secretamente que corriera hasta su casa, pasando a través del cobertizo en su camino y cerrando la puerta tras de él. El aterrorizado niño hizo como se le indicó tan pronto como se vio en tierra y el gigante, observando rápidamente su huida, corrió tras él hasta el cobertizo. Pero Loki había situado astutamente un afilado clavo de tal manera que la enorme cabeza del gigante se diera contra él a toda velocidad, cayendo así al suelo con un gruñido, tras lo que Loki, viéndole indefenso, le cercenó una de sus piernas. Es de imaginar la consternación del dios cuando vio que las partes se unían y adherían de nuevo inmediatamente. Pero Loki era un maestro en la astucia y, reconociendo en ello la obra de la magia, sesgó la otra pierna, arrojando rápidamente sílex y acero entre el miembro cortado y el tronco, evitando así la acción de la brujería. Los campesinos se vieron enormemente aliviados al saber que su enemigo estaba muerto, tras lo cual consideraron a Loki por siempre como el más poderoso de todo el consejo celestial, pues les había librado definitivamente de su enemigo, mientras que los otros dioses sólo les habían proporcionado ayuda temporal. El Gigante Arquitecto. A pesar del maravilloso puente Bifröst, el trémulo camino y la vigilancia de Heimdall, los dioses no podían sentirse del todo seguros en Asgard, y a menudo sentían temor de que los gigantes de hielo lograran introducirse en Asgard. Para eliminar esta posibilidad, decidieron construir una fortaleza inexpugnable; mientras se encontraban planeando cómo podía ser realizada, llegó un desconocido arquitecto con una oferta para llevar a cabo la construcción, a condición de que los dioses le entregaran el Sol, la Luna y Freya, diosa de la juventud y la belleza, como recompensa. Los dioses se encolerizaron ante la presuntuosa oferta, pero cuando se alejó el desconocido, Loki les convenció de que hicieran un trato que le fuera imposible de cumplir al forastero, por lo que finalmente le dijeron al arquitecto que el premio seria suyo siempre que la fortaleza estuviera finalizada en el transcurso de un solo invierno y que realizaría el trabajo sin otra ayuda que la de su caballo Svadilfare. El desconocido arquitecto accedió a estas aparentemente imposibles condiciones e inmediatamente se dispuso a trabajar, transportando pesados bloques de piedra de noche, edificando de día y progresando tan rápidamente que los dioses comenzaron a