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en Jötunheim y que dio a luz a tres monstruos: Hel, la diosa de la muerte; la serpiente de
Midgard, Iörmungandr y el horrible lobo Fenris o Fehnrir.
Sigyn.
El tercer matrimonio de Loki fue con Sigyn, que demostró ser una esposa cariñosa y
devota, y que le dio dos hijos, Narve y Vali, siendo este último un homónimo del dios
que vengó a Balder. Sigyn fue siempre fiel a su esposo y no le abandonó incluso tras
haber sido definitivamente expulsado de Asgard y confinado a las entrañas de la Tierra.
Ya que Loki era la encarnación del mal en las mentes de las razas nórdicas, no podían
sino temerle. Ningún templo fue dedicado en su honor, no se le ofrecían sacrificios y
designaron las más perjudiciales malas hierbas por su nombre. Se suponía que la
estremecedora y sobrecalentada atmósfera del verano iba dirigida a su presencia, ya que
la gente solía comentar que Loki estaba sembrando su avena y cuando el Sol aparecía
para evaporar el agua, decían que Loki estaba bebiendo.
La historia de Loki está tan entrelazada con la de los otros dioses, que la mayoría de las
leyendas que hablan de él ya han sido narradas, y sólo quedan dos episodios de su vida
por contar: uno que muestra su lado bondadoso antes de haber degenerado en el
impostor malvado, y el otro que ilustra cómo indujo finalmente a los dioses a profanar
sus lugares sagrados con el asesinato deliberado.
Skrymsli y el Hijo del Campesino.
Un gigante y un campesino se encontraban disputando un juego juntos un día. Por
supuesto, habían acordado jugar con una apuesta, y el gigante, habiendo sido victorioso,
ganó al único hijo del campesino, al cual dijo que vendría a reclamar por la mañana a
menos que los padres lograran esconderlo tan concienzudamente que no pudiese ser
encontrado.
Sabiendo que tal hazaña sería imposible para ellos de realizar, los padres rogaron
fervorosamente a Odín para que les ayudara y en respuesta a sus súplicas, el dios bajó
hasta la Tierra para transformar al chico en un diminuto grano de trigo, tras lo cual lo
escondió en una espiga en medio de un vasto campo, declarando que el gigante no sería
capaz de encontrarlo. Sin embargo, el gigante Skrymsli poseía una sabiduría mucho
mayor de lo que Odín había imaginado y, no logrando encontrar al niño en la casa, se
dirigió inmediatamente al campo con su guadaña y tras segar el trigo, seleccionó la
espiga en la que el chico se encontraba escondido.
Contando los granos de trigo, estuvo a punto de echar su mano sobre el correcto, cuando
Odín, oyendo el grito de angustia del niño, arrebató la espiga de la mano del gigante y
devolvió el niño a sus padres, diciéndoles que él había hecho todo lo que estaba en su
poder para ayudarles. Pero cuando el gigante juró que le habían engañado y que de
nuevo reclamaría al niño por la mañana, a menos que los padres pudieran ser más
inteligentes que él, los desdichados campesinos rogaron entonces la ayuda a Hoenir. El
dios escuchó indulgentemente y transformó al niño en una pelusa, la cual escondió en el
pecho de un cisne que nadaba en un estanque cercano. Pero cuando Skrymsli llegó unos
momentos más tarde, adivinó lo que había ocurrido y, asiendo al cisne, arrancó su
cuello de un mordisco y se lo hubiera tragado si Hoenir no lo hubiese arrebatado de sus