Por Juan Ávila Muñoz
miento proporcional a la bajada de su confianza en si mismos. Sin confianza no se rinde, por mucho que aprietes el pedal del gas.
Si no tienes tu confianza en un nivel extraordinariamente alto, los tiempos no
llegan. El crono se resiste. Es por este motivo por lo que los pilotos de F1 más extraordinarios de la historia suelen tener un punto
de engreídos, soberbios, arrogantes, altivos
y añádase el sinónimo que se prefiera. Si no
te lo crees tu mismo, no puedes optar a ser
el mejor. Las crisis de confianza son las
que convierten a un piloto increíble en
uno más de la parrilla.
Por todo esto es tan importante comenzar
golpeando primero. Hamilton lo entendió
a la primera y basado en su estatus de bicampeón, ha comenzado estableciendo su
reinado en Mercedes. Convertirte en bicampeón también te da ese punto. Rosberg,
que perdió el Mundial el año pasado, todavía no se ha recuperado y lo está pagando. El síndrome de la oportunidad perdida. Raikkonen y Vettel, en cambio, vieron
este 2015 como una liberación: los dos se
libraban de sus respectivos ogros. Si Raikkonen perdía contra Vettel, perdía contra el
Tetracampeón. Si Vettel perdía contra Raikkonen, perdía contra un Campeón y no contra un recién llegado a Red Bull sin victorias
ni pódiums. Ambos lo enfocaron así y recobraron la confianza. La base de todo...
Pedro, por la puerta de atrás
M
ás de quince temporadas
en la Fórmula 1, ha trabajado con varios campeones del mundo, para muchos del Paddock, el último “gentleman” de la parrilla y una gran reputación que le ha llevado a presidir hasta en
dos ocasiones la GPDA. Hablamos de Pedro
de la Rosa, un piloto que lo ha sido todo en
sus compromisos allá por donde ha pasado y
que la máxima categoría le devuelve en forma de patada su dedicación a la misma.
No sabemos que se traerá entre manos después de ir perdiendo caché y protagonismo
en Ferrari. Probablemente ha tratado de estirar demasiado su estancia en la máxima categoría cerrando otras puertas. Pero el considerado mejor probador, el gran desarrollador de monoplazas, el que conoce todos los
entresijos y el maestro de noveles es imposible que no haya tenido ofertas, ya sea d P