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Mientras pruebo y compruebo lo sabroso de su plato predilecto, que
por lo demás deben de venir con el estómago vacío, porque la cantidad
de comida que sirven es digno del más exigente, puedo ver a mi
alrededor gente de diferentes nacionalidades, compartiendo un
momento agradable, con mucha magia y sabor, también nos señala que
su local ha albergado a comensales conocidos del ámbito artístico o
político y nunca se ha sacado una foto con ellos, por supuesto que no, si
en Valparaíso todos somos iguales, lo importante es que todos cuantos
vienen a probar las chorrillanas de Don Víctor encontrarán un espacio
para compartir con familias o con amigos. DE DONDE VIENES Y QUIEN
ERES DA LO MISMO, AQUÍ ENTRAN TODOS.
momento de la historia y de su propia historia, que nos obliga a
transportarnos a esos tiempos en donde la vida era más simple y más
bella, este nostálgico y bohemio personaje nos invita a querer a nuestra
ciudad de una manera muy especial, hace reflexionar y nos da un
momento mágico en su propio mundo y que generosamente siempre
comparte, sólo basta con escucharlo y verán en él un niño que no deja de
creer y siente las mismas ganas de soñar, sin dudas valió mi viaje a su
local de aquel Domingo de lluvia, en donde la razón de mi visita sólo era
compartir y por qué no, aprender de este viejo bohemio de mil historias,
no tengo dudas que faltarán muchos Domingos para visitar a Don
Víctor Suárez.
Porteño de tomo y lomo, padre de siete hijos y luchador por excelencia,
confiesa que vivió un periodo corto de tiempo fuera de Valparaíso, pero
la necesidad de estar con su gente lo hizo volver a su Puerto querido,
nos dice que las personas que vivimos en esta hermosa ciudad es
diferente a las demás, acá todos son iguales sin hacer ninguna
distinción de clases social o preferencias políticas o religiosa, sólo
importa el compartir aprender y enseñar y por seguro dónde se puede
comprobar esa filosofía de vida, es donde él pasa la mayor cantidad de
horas de su vida, en el J Cruz M. También con tristeza nos comenta que
hace un poco más de un año, sufrió un robo importante en su antiguo
local, de algunos objetos de incalculable valor sentimental, ya que para
él como para muchos a veces el dinero no lo es todo, lo que siente
realmente que todos los objetos adquiridos, son para mirar y admirar y
por descriterio de aquellos de vida fácil, impiden que muchos puedan
disfrutar de su verdadera pasión Rescatar la Historia de Valparaíso y
dejar en nuestra ciudad todos los objetos que han pertenecido a alguna
casa o alguna familia porteña, si al final esa es la esencia de un
coleccionista, apreciar el arte de personas que inmortalizaron un
Si vienen a Valparaíso y no visita el J Cruz M, entonces no conoció
Valparaíso
BRUNO GUERRERO VALENZUELA
E M P R E N D I M I E N T O
Historia de Fauna
Cuando uno retrocede en el tiempo y observa en perspectiva y logra unir los cabos de la
historia, o mejor dicho, de una historia en particular, recién ahí se da cuenta que lo que
motiva ciertas acciones, los impulsos que dan vuelta el timón y nos hace navegar en
direcciones imprevistas, tienen un trasfondo mucho más profundo del que imaginamos.
L
a invención de Fauna surgió por uno de estos
impulsos que vio desde una bahía del Atlántico, un
recorrido que, sin pasar por el Estrecho de
Magallanes, se instalaría en una bahía del Pacífico:
Valparaíso. A fines del invierno del 2007, estando
erradicado en Bahía de los Vientos, un pequeño
poblado al sur de Argentina, tuve una visita que
detonaría el comienzo: ¿Nunca has pensado en hacer
un hostal? En el instante que se iluminó esta idea, que nada tenía que
ver con lo que estaba dedicado, recuerdo haber tomado el teléfono y
haber realizado dos llamados a amigos de la infancia, compañeros de
andanzas, de calle, de salones, amantes como uno, de la ruta, del viaje.
Nadie se lo esperaba, sin embargo, hubo una condescendencia
inmediata. En esos escuetos minutos de charla y divagar, prendidos por
ésta visión espontánea, el ímpetu se acrecentó, conectamos en el
mismo sitio imaginario como quién tira un mazo sobre la mesa y de
pronto todos los comensales se ponen a jugar un juego que acaban de
inventar. Vamos, hagámoslo, regrésate a Chile y busquemos un lugar .
Ellos estudiaban arquitectura y yo me dedicaba a escribir.
Cuando en la adolescencia la calle fue permitida recorrerla sin la
sombra permanente de la preocupación maternal, las ferias persas
fueron el regreso obligado que antes iban de la mano de nuestros
padres. El amplio espectro objetual de segunda mano trajo consigo las
primeras adquisiciones que muchas veces desembocaron en pequeños
negocios con los compañeros que desconocían este mercado y la
procedencia ignota de lo que ahí se transaba. Los cigarrillos
importados, los encendedores a bencina blanca, las poleras impresas
con las bandas del momento, las películas pirateadas, cassettes y CDs
eran los productos que más plusvalías traían a corto plazo y que nos
impulsaban a regresar cada semana por encargo de los cautivos. Con
este saldo a favor nos íbamos a la ropa americana para mejorar las
pintas o bien nos íbamos a jugar pool, donde pasábamos horas en los
salones haciendo carambolas y perfeccionando el punto de bola para
luego invitar a otros amigos y ganarles el pierde paga.
La noche mostraba otras facetas que por de pronto siempre requerían
tener algo en el bolsillo para desenvolverse en ella.
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