Revista Miradores Nº4 | Page 22

42 E M P R E N D I M I E N T O Si me preguntaran por qué fue Valparaíso y no otro lugar, diría que fue sin querer; tal vez por ese extraño magnetismo que hace que los lugares lo encuentren a uno en el momento preciso. En el viaje y en la vida en general, cuando uno está abierto a que sucedan este tipo de cosas, pasa lo mismo, de pronto te cruzas con la personas indicada, en el momento preciso y en el lugar menos pensado y de ahí para adelante la linealidad cotidiana se ve interrumpida por una larga curva que te sitúa en el punto opuesto de la recta. Valparaíso, en sí, es un lugar dónde pasa bastante eso, dónde la gente se encuentra de manera imprevista, dónde se viene por corto tiempo y se queda largo rato, dónde surgen acontecimientos que no pasan en otras ciudades como ese encantamiento fugaz que hace imposible olvidarlo. Cuando tuvimos el hallazgo en Dimalow, que tres años después se convertiría en Fauna, nos tiramos de piquero -por así decirlo- a rehabilitarla. Recuerdo que cuando nos pasaron las llaves - luego de una maniobra afortunada que nos permitía tener ésta casa pagando una cuota accesible cada mes- hicimos una campaña de recolección de muebles y herramientas en desuso, nos conseguimos un camioncito, fuimos domicilio por domicilio llenándolo y llegamos de noche al puerto para descargar todo lo reunido y así poder tener lo indispensable para vivir y trabajar al mismo tiempo. Habilitamos unos camarotes, una oficina, una bodega y un baño. Elaboramos los primeros bosquejos de lo que sería la intervención y calculamos un plazo moderado para hacerla funcionar como hostal. Por supuesto, este plazo nunca se cumplió y demoró con creces más de lo pensado en un inicio. Tampoco fue un hostal y terminó convirtiéndose en un hotel y un restaurante, quién lo hubiese pensado. Incorporamos un cuarto al equipo con la condición de que tenía que ponerse chinchín con la misma parte que pagaríamos por la casa en los años venideros. Y así se dio inicio a la restauración. Si bien teníamos ciertos conocimientos constructivos y podíamos abarcar algunas reparaciones, llevarlos a cabo en toda una casa y más encima del año 1870, eran palabras mayores y ninguno estaba capacitado para ello. Así que contratamos un maestro de obras el capitán- y un ayudante. Este llegó desde Melipilla pasado de copas un Domingo por la tarde. Se puso una siesta y cuando se incorporó el ayudante ya no estaba, se había despertado, había dado unos gritos en el fondo del patio de luz y había desaparecido para siempre sin que nadie supiese que fue de él. Mientras desarmábamos algunas instalaciones para poder realizar las reparaciones necesarias, sobretodo en la estructura, íbamos develando cómo había sido construida en aquellos años en que la fuerza bruta era el motor de la construcción. De a poco comenzamos a familiarizarnos con las técnicas constructivas, con las cualidades de los materiales, con el origen de las cosas, con la manera de abarcar un inmueble de éstas características bajo la consigna de que perdurara cien años más. Nos hicimos de una kombi y con ella recorríamos las calles y las demoliciones rescatando el material que se subastaba al mejor postor para reemplazar las piezas dañadas y configurar las nuevas. La cargábamos hasta no poder más y la emprendíamos cerro arriba. Mucho de este material que se desprendía de la demolición, como es la tierra, las quinchas y las tablas de cielo, eran llegar y llevar, ya que nadie las rescataba y se iban al camión de escombros. De esta manera, andando de un lugar a otro, fuimos conociendo los personajes y rincones del puerto; las fábricas, los talleres, los salones, las barracas, las maestranzas, los bares, los boliches, la gloriosa época que enarboló el progreso en Valparaíso y la tragedia del abandono, de las casas, de los ascensores y de los barrios que dejan de existir. E M P R E N D I M I E N T O Paralelo al proceso de construcción hubo un proceso de estudio, de reconocimiento del territorio. Era imprescindible aprender la historia de la ciudad, del cerro al que habíamos llegado, de quienes lo habían habitado antes que nosotros; de quiénes habían sido los impulsores de este legado. Tres años nuevos pasamos en la construcción de la primera etapa de Fauna. Largos años en que la gran dificultad estuvo marcada con la obtención de fondo para seguir adelante, tanto porque los bancos ni otras instituciones financieras no daban crédito al no demostrar ganancias y otro tanto porque a medida que pasaba el tiempo y la obra se alargaba y alargaba, la suspicacia ajena se transformaba en el mayor escollo para conseguir préstamos. Por nuestra parte nunca dudamos, aunque en momentos de flaqueza la borda estuvo más cerca que la proa. Pero sabíamos lo que estábamos haciendo, que ningún detalle había pasado inadvertido, que siempre la premisa fue hacer las cosas bien, así que por suerte que nuestros padres creyeron y apoyaron la causa. Es fundamental mencionar que durante este período, armamos un gran equipo de maestros que fueron parte esencial para lograr terminar el proyecto y con ellos fue que llegamos hasta el final, exhaustos y sin saber de dónde más obtener un peso para invertir en todo el decorado y mobiliario que faltaba. No importaba, las habitaciones ya tenían sábanas, plumones y cortinas, habían unas cuantas toallas a repartir y las duchas funcionaban. Un veintuno de Mayo hicimos una gran fiesta y recibimos a los primeros huéspedes. De la construcción pasamos sin preámbulos a la administración hotelera, partiendo por hacer las camas, la gestión en recepción, los turnos de nochero y levantarse temprano para preparar los desayunos. Pintamos las mesas que los maestros ocupaban para almorzar y a la cocina de obra le hicimos un maquillaje profesional para que se convirtiese en la oficial del restaurante. Haciendo uso de todos los recursos válidos para atraer gente, para hacer de Fauna un lugar de descanso y reunión, de encuentro y distensión, armamos ciclos de música, ciclos de cine, noches temáticas e incluso unos bailables discretos para hacer caja. Ceviche, paellas, curantos, tortillas, sopa de choritos, caldo de almejas, tablas, sandwiches, no había carta oficial pero se o g&V<: