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E M P R E N D I M I E N T O
Si me preguntaran por qué fue Valparaíso y no otro lugar, diría que fue
sin querer; tal vez por ese extraño magnetismo que hace que los lugares
lo encuentren a uno en el momento preciso. En el viaje y en la vida en
general, cuando uno está abierto a que sucedan este tipo de cosas, pasa
lo mismo, de pronto te cruzas con la personas indicada, en el momento
preciso y en el lugar menos pensado y de ahí para adelante la linealidad
cotidiana se ve interrumpida por una larga curva que te sitúa en el punto
opuesto de la recta. Valparaíso, en sí, es un lugar dónde pasa bastante
eso, dónde la gente se encuentra de manera imprevista, dónde se viene
por corto tiempo y se queda largo rato, dónde surgen acontecimientos
que no pasan en otras ciudades como ese encantamiento fugaz que
hace imposible olvidarlo.
Cuando tuvimos el hallazgo en Dimalow, que tres años después se
convertiría en Fauna, nos tiramos de piquero -por así decirlo- a
rehabilitarla. Recuerdo que cuando nos pasaron las llaves - luego de una
maniobra afortunada que nos permitía tener ésta casa pagando una
cuota accesible cada mes- hicimos una campaña de recolección de
muebles y herramientas en desuso, nos conseguimos un camioncito,
fuimos domicilio por domicilio llenándolo y llegamos de noche al puerto
para descargar todo lo reunido y así poder tener lo indispensable para
vivir y trabajar al mismo tiempo. Habilitamos unos camarotes, una
oficina, una bodega y un baño. Elaboramos los primeros bosquejos de lo
que sería la intervención y calculamos un plazo moderado para hacerla
funcionar como hostal. Por supuesto, este plazo nunca se cumplió y
demoró con creces más de lo pensado en un inicio. Tampoco fue un
hostal y terminó convirtiéndose en un hotel y un restaurante, quién lo
hubiese pensado. Incorporamos un cuarto al equipo con la condición de
que tenía que ponerse chinchín con la misma parte que pagaríamos por
la casa en los años venideros. Y así se dio inicio a la restauración.
Si bien teníamos ciertos conocimientos constructivos y podíamos
abarcar algunas reparaciones, llevarlos a cabo en toda una casa y más
encima del año 1870, eran palabras mayores y ninguno estaba
capacitado para ello. Así que contratamos un maestro de obras el
capitán- y un ayudante. Este llegó desde Melipilla pasado de copas un
Domingo por la tarde. Se puso una siesta y cuando se incorporó el
ayudante ya no estaba, se había despertado, había dado unos gritos en
el fondo del patio de luz y había desaparecido para siempre sin que
nadie supiese que fue de él. Mientras desarmábamos algunas
instalaciones para poder realizar las reparaciones necesarias,
sobretodo en la estructura, íbamos develando cómo había sido
construida en aquellos años en que la fuerza bruta era el motor de la
construcción. De a poco comenzamos a familiarizarnos con las técnicas
constructivas, con las cualidades de los materiales, con el origen de las
cosas, con la manera de abarcar un inmueble de éstas características
bajo la consigna de que perdurara cien años más.
Nos hicimos de una kombi y con ella recorríamos las calles y las
demoliciones rescatando el material que se subastaba al mejor postor
para reemplazar las piezas dañadas y configurar las nuevas. La
cargábamos hasta no poder más y la emprendíamos cerro arriba.
Mucho de este material que se desprendía de la demolición, como es la
tierra, las quinchas y las tablas de cielo, eran llegar y llevar, ya que nadie
las rescataba y se iban al camión de escombros. De esta manera,
andando de un lugar a otro, fuimos conociendo los personajes y
rincones del puerto; las fábricas, los talleres, los salones, las barracas,
las maestranzas, los bares, los boliches, la gloriosa época que enarboló
el progreso en Valparaíso y la tragedia del abandono, de las casas, de
los ascensores y de los barrios que dejan de existir.
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Paralelo al proceso de construcción hubo un proceso de estudio, de
reconocimiento del territorio. Era imprescindible aprender la historia
de la ciudad, del cerro al que habíamos llegado, de quienes lo habían
habitado antes que nosotros; de quiénes habían sido los impulsores de
este legado.
Tres años nuevos pasamos en la construcción de la primera etapa de
Fauna. Largos años en que la gran dificultad estuvo marcada con la
obtención de fondo para seguir adelante, tanto porque los bancos ni
otras instituciones financieras no daban crédito al no demostrar
ganancias y otro tanto porque a medida que pasaba el tiempo y la obra
se alargaba y alargaba, la suspicacia ajena se transformaba en el mayor
escollo para conseguir préstamos. Por nuestra parte nunca dudamos,
aunque en momentos de flaqueza la borda estuvo más cerca que la
proa. Pero sabíamos lo que estábamos haciendo, que ningún detalle
había pasado inadvertido, que siempre la premisa fue hacer las cosas
bien, así que por suerte que nuestros padres creyeron y apoyaron la
causa. Es fundamental mencionar que durante este período, armamos
un gran equipo de maestros que fueron parte esencial para lograr
terminar el proyecto y con ellos fue que llegamos hasta el final,
exhaustos y sin saber de dónde más obtener un peso para invertir en
todo el decorado y mobiliario que faltaba. No importaba, las
habitaciones ya tenían sábanas, plumones y cortinas, habían unas
cuantas toallas a repartir y las duchas funcionaban. Un veintuno de
Mayo hicimos una gran fiesta y recibimos a los primeros
huéspedes.
De la construcción pasamos sin preámbulos a la administración
hotelera, partiendo por hacer las camas, la gestión en recepción, los
turnos de nochero y levantarse temprano para preparar los desayunos.
Pintamos las mesas que los maestros ocupaban para almorzar y a la
cocina de obra le hicimos un maquillaje profesional para que se
convirtiese en la oficial del restaurante.
Haciendo uso de todos los recursos válidos para atraer gente, para
hacer de Fauna un lugar de descanso y reunión, de encuentro y
distensión, armamos ciclos de música, ciclos de cine, noches temáticas
e incluso unos bailables discretos para hacer caja. Ceviche, paellas,
curantos, tortillas, sopa de choritos, caldo de almejas, tablas,
sandwiches, no había carta oficial pero se o g&V<: