4
En Blanco Revista Literaria Cultural
Piedra chancada
Luis Alfredo Barzola Barrios
Íbamos caminando , tú como siempre ladrando y moviendo el rabo , mientras yo con un dolor en la espalda . Correteabas a todas las mosquitas y las maripositas , tenía que detenerte porque sino destruías el quiosco de la tía de Lupita . Caminábamos , el dolor era inmenso , empezabas a lamerme la mano trasmitiéndome tus fuerzas caninas y haciendo brotar el dolor que me embargaba . Seguíamos caminando , corrías anhelando atrapar a una robusta y sucia rata , lograste alcanzarla , la cogías del hocico , te dije qué habías hecho y tú con un ladrido me reprochabas la pregunta . Seguíamos caminando y yo no te miraba ni por casualidad ( porque estaba enfadado ), te habías dado cuenta de mi enojo y empezabas a dar ladridos . Si hablaras sabría que me pedías perdón o por lo menos que te disculpabas , te agarré de la cabeza y seguimos nuestro camino . Empezabas a ladrar insaciablemente , en tus ojos veía fuego y odio , me escarapelaba la piel , pensé que quizás mirabas un espíritu celestial que transitaba por la ciudad u otra rata . Tus ladridos comenzaron a cesar , te di una pequeña palmadita en el hocico , me lamiste y seguimos caminando . El dolor en mi espalda era intenso , a cada rato me hacía sentar en las veredas de aquella ciudad , te recostabas en el suelo con una mirada tierna y me alegrabas el momento , me dabas fuerzas y el dolor se tranquilizaba , te tomé de la oreja y seguimos caminando . Empecé a cantar y tú movías la cola alegremente , como si fueras un galán canino te quedabas tonto al mirar a una canina hocicona que transitaba por nuestro lado , te mostrabas como un can tonto y ridículo , te quedabas congelado sin ladrar ni mover la colita . La perrita se desvaneció como el aire puro en aquella ciudad , volvías a la normalidad con un ladrido fuerte , me hacías notar que los perros en el amor son más idiotas que el hombre . Con dos ladridos fuertes reflejabas tu amargura . Quedamos trajinados en el mercado 3 de Febrero , no teníamos dinero ni en mi bolsillo ni en tu pelaje . Tú estabas con la lengua afuera y yo con el dolor de espalda , éramos dos seres indefensos en esa ciudad metalúrgica .
El frío azotaba y el aire atoraba . El aire y el frío me hicieron caer nuevamente , quedé postrado en la esquina del mercado , al costado del poste de cableado eléctrico , el único que me acompañaba en este momento eras tú , Pettizo . Te echaste al suelo , quedamos en ese sitio con hambre y con frío y también con sed . El dolor era intenso , pienso que aquel dolor no lo aguantaría ni el hombre más fuerte , ni yo que soy un tipo flaco y huesudo . Me levanté y en seguida te pusiste de pie y al momento de levantarte dejaste ver un billete de diez , lo recogí y seguimos caminando . El dolor casi me priva de ver el cielo , el dolor casi cierra mis ojos que observaban lo bello que es la vida , lo bello que es el sol , el cielo y el mundo , pero no se cerraron . Mi cuerpo no quería congelarse , mis ojos no querían cerrarse , mi alma quería vivir , rápidamente corrí como un loco al lado del ser que me era fiel , mi perro . Preguntamos en todos los puestos de verduras y hierberas lo que podría tomar para aliviar el dolor de espalda , gracias a la señora verdulera comprendí que lo que me producía el dolor de espalda era el riñón , y tú con tres ladridos levantabas mi ánimo vapuleado . La señora recetó que tomara agua de piña con pelo de caballo y chancapiedra ; en ese instante dónde íbamos a conseguir esos ingredientes . Un tumulto de personas invadió su quiosco y tuvimos que irnos . Te dije que aquí comenzaría nuestra aventura por el mercado de abastos para encontrar aquellas cosas , te dije que fuéramos en busca de la piña primero y con un ladrido aceptaste . Caminamos y preguntamos en cada puesto de fruta , pero nadie tenía aquella exótica fruta , como diría mi hermano “ estábamos más piñas ”, y de pronto un camión avanzó raudamente , haciéndonos arrinconar hacia el lado derecho del mercado , el camión que iba a toda prisa , paró bruscamente en la esquina de aquel mercado de abastos , y de aquel camión empezaron a bajar hombres cargando en sus hombros cajones de naranjas verdes y grandes , de plátanos islas y sedas ( los únicos plátanos que mi madre me daba de comer ), y ahí un hombre robusto y crespo , en sus hombros cargaba un cajón de una fruta circular con corteza escamosa de color marrón y con corona espinosa , te dije que esa fruta era lo que la vendedora me había recetado . Rápidamente corrimos hacia aquel camión , las frutas estaban regadas por el suelo , preguntamos el precio de la piña , la vendedora nos dijo tres soles la unidad , saqué el billete de diez que encontré y al instante quedé con siete monedas de un sol . Con la fruta en el brazo seguimos caminando , suspiré “ pelo de caballo ”, y tú me mirabas sorprendido , te miré y dije “ tenemos que ir a un corral a cortarle a un caballo sus pelos ”, y una bella dama que pasaba por nuestra lado , de cabellera negra , de ojos negros , de labios despampanantes y de nariz respingada , que llevaba puesta una casaca azul y pantalón rojo , nos dijo que el pelo de caballo es una hierba y no necesitábamos cortar sus pelos a algún indefenso animal , después de decirnos eso la niña se esfumó , me dejó perplejo y tú no entendías nada . Fuimos a la hierbera , le pedimos pelo de caballo y nos dio un atado a un sol . El dolor me volvía a sucumbir , nos retiramos pagándole , ya teníamos dos de los ingredientes que nos había recetado la primera vendedora , sólo nos faltaba el chancapiedra . Quedé anonado al no saber qué era eso , pero como decía chancapiedra , cogí la primera piedra que encontré , empecé a chancar con mucha fuerza en el frío suelo y salían chispas , la piedra estaba chancadísima , te asustaste por un instante y te dije que eso es lo que me pidió la señora para curarme . Ya tenía los tres elementos para poder sanarme del riñón , y lo único que faltaba para mezclar los elementos , era agua ( y hervida ). Caminamos y tú seguías con la lengua afuera , era lo más obvio porque no habías probado agua ese día . Fuimos donde una señora que vendía comida y mazamorras , le pregunté si tenía agua hervida , me dijo que sí , pero que me la vendería a dos soles el vaso porque ya se estaba yendo , le pedí que lo llene en una bolsa , recibimos la bolsa de agua y nos alejamos de la señora . Llegamos a la esquina donde estaba el poste , en la bolsa de agua hervida pusimos la piña , el pelo de caballo y la chancapiedra . La corona de espinas y la piedra agujerearon la bolsa de plástico , el agua se desparramaba como gotas de lluvia en el suelo , te miré con amargura ,
me lamiste con tu lengua seca pidiendo agua sin pronunciar nada . El dolor era inmenso , el dolor de espalda ya no dejaba que me ponga de pie , por tus ojos miré que te preocupaba mi dolor , aullabas como si eso fuera un llamado , la señora repentinamente se apareció , me preguntó qué me sucedía , le dije que me dolía el riñón y que conseguí todos los ingredientes que me había recetado , pero mi desdicha hizo que la piedra chancada y la corona de espinas rompieran la bolsa de agua . Ella me dijo cuál piedra chancada , cuál corona de espinas , yo te dije que tomaras agua de piña , pelo de caballo y chancapiedra no piedra chancada ni coronas de espinas . Quedé sorprendido y anonado , tratando de asimilar lo que me decía , comprendí y le dije entonces cómo me curo de este dolor , y me dijo que en ningún momento me recetó piedra chancada sino chancapiedra , que es una hierba silvestre que se encarga de proteger los riñones , me dijo que traería la bebida que me aliviaría el riñón , esperamos estupefactos a la señora . Te tirabas en el suelo , el tiempo transcurría . Cuando marcó los cuatro minutos de las diecisiete horas , llegó la señora con un vaso que contenía un líquido amarrillo , en la mano . Me hizo probar un sorbo y como por arte de magia despejó el dolor que me acechaba . Le agradecí dándole cuatro monedas y le pedí el vaso con agua , te hice beber y recuperaste las energías caninas , le devolvimos el vaso y seguimos caminando .
VACÍO DE LA VIDA
Kely Betzabet Miranda Castro
Ocasiones son muchas … la razón sólo es una En este día donde la luz se va desesperado escapando de la noche Una pequeña brisa corre jugando con mi cabello ensortijado cual cadenas negras con astillas de fuego … de la misma muerte . ¿ Soy yo ?, sola soy , ¿ Quién soy yo ? No sé responderme , perdí la vida cuando se fue . Hay una tristeza en mi alma . Como si el viento lo supiera me envuelve lentamente , rodeándome de su suavidad escondido , Sólo algunas aves tristes , que tienen un canto desdichado y perdido en este triste presente , también sienten la soledad de mi alma . ¡ Quién no llora cuando alguien se va ! ¡ Quién no sufre cuando alguien que amas ya no está a tu lado ! ¡ Y quién no quiere morir cuando ella , ella se va ! La extraño mucho , cuánto quisiera repetir aquellas palabras que me decía ¡ Eres Como Una Flor ! “ Una flor que florea para luego estar marchita ... Pero sólo la fuerza de vivir da otra oportunidad para seguir adelante ”. Quisiera escucharte y quisiera que también me oigas , pero ya nunca más se dará . Sólo hoy , en este triste cielo que cubre mi mirada perdida , te busco ya sin vida . Las flores que amabas están allí a tu lado , inmobles sin importar quién las rodean . Sólo quedan algunas luces incesantes , como unas pequeñas velas que se encienden . Sólo veo una estatua inmóvil sin sentimientos y seco el corazón , como yo y mi alma . Sólo quedan aquellos recuerdos impregnados en mí , que me matan . Sólo la crueldad de la vida , que no tiene razón ni perdón , al igual que la bendita ciencia que no tiene conciencia , sólo sabe que las cosas pasan , sin saber qué pasa . Sólo a unos días en que te fuiste , ya tu cuerpo no siente ; estás aquí descansando a lado de tu azul cielo y de aquel roció del amanecer que embarga tu alma y bajo este árbol que cubre la tierra y la luz de tus ojos apagada que protege tu última morada ... ¡ Lo Eterno !