Revista EL MOLINO Revista EL MOLINO -Primavera 2019 | Page 37
U na escena de la Escuela de Atenas en la que se narra una sesión entre los filósofos, científicos y matemáticos más importantes de la época clásica. Una de las obras
más destacadas del pintor Rafael Sanzio, pintada entre 1510 y 1512.
Las personas de toda condición y de todo estado podían ser admitidas en la comunidad siempre que reuniesen las cualidades
morales requeridas. El solo mérito podía abrir, para el candidato, las puertas de esta poética ciudad. Llegado al umbral de la escuela
pitagórica, se leía esta inscripción: ¡Atrás los profanos!, entonces es cuando uno se entregaba a un examen de conciencia.
¿Encontrábase débil e indeciso?, una voz interna le aconsejaba volver atrás. Sentíase, al contrario, fuertemente amoroso de la
sabiduría y decidido a poseer sus secretos, ¿cueste lo que cueste?, pasaba más adelante. Pero las pruebas morales no hacían más
que comenzar.
Durante el primer período del noviciado, los jóvenes candidatos eran objeto, por parte de sus maestros, de un constante
estudio psicológico. Sus palabras, sus actitudes, sus juegos, eran atentamente observados 3 . La finalidad de este examen consistía
en proporcionar, sobre la naturaleza moral del neófito, indicaciones útiles para determinar las modalidades de las pruebas
definitivas. Para dar una idea adecuada de aquellas pruebas, referiremos dos ejemplos citados por Ed. Schuré: “hacían pasar la noche
al aspirante pitagórico en una caverna de los alrededores de la ciudad, donde pretendían que había monstruos y apariciones. Los que no
tenían la fuerza de soportar las impresiones fúnebres de la soledad y de la noche, que se negaban a entrar o huían antes de la mañana,
eran juzgados demasiado débiles para la iniciación y despedidos”. La prueba moral era más seria. “Bruscamente, sin preparación,
encerraban una mañana al discípulo en una celda triste y desnuda. Le dejaban una pizarra y le ordenaban fríamente que buscara el
sentido de uno de los símbolos pitagóricos, por ejemplo: ¿Qué significa el triángulo inscrito en el círculo? o bien ¿Por qué el dodecaedro
comprendido en la esfera es la cifra del Universo? Pasaba doce horas en la celda con su pizarra y su problema, sin otra compañía que un
vaso de agua y pan seco. Luego le llevaban a una sala, ante los novicios reunidos. En esta circunstancia, tenían orden de burlarse sin
piedad del desdichado, que malhumorado y hambriento comparecía ante ellos como un culpable. En este preciso momento es cuando el
maestro observaba la actitud y la fisonomía del joven con profunda atención. Irritado por el ayuno colmado de sarcasmos, humillado por
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