Revista EL MOLINO Revista EL MOLINO -Primavera 2019 | Page 32
de interactuar, sin querer, con
elementos naturales como árboles,
balsas de agua, etcétera, en su entorno–
, y luego les hemos pasado una escala
estandarizada de estrés infantil; el
resultado es una correlación negativa de
-0.7 entre naturaleza y estrés; a mayor
naturaleza cercana, menor estrés”,
comenta. Precisa que el contacto con la
naturaleza no impide que un niño sufra
estrés si tiene un problema, si muere su
abuelo o si sus padres se separan, pero sí
le otorga más capacidad para afrontar
mejor las secuelas del estrés que
provocan esas circunstancias. Corraliza y
Collado también han constatado que hay
relación entre la cantidad de naturaleza
con que cuentan los patios escolares y el
bienestar infantil. “Hemos visto que
cuanto mayor es la naturaleza cercana,
antes se recuperan los niños agotados,
mejor mantienen la atención y mayor
conciencia ambiental tienen”, resume el
especialista de la UAM.
Más sanos. La codirectora de La Granja
asegura que los niños en contacto con la
naturaleza también sienten menos
emociones
negativas,
son
más
observadores y se muestran más
agradecidos, y hay estudios que
demuestran que a las personas
agradecidas les late mejor el corazón
porque el agradecimiento libera
endorfinas que regulan la presión
sanguínea. Y puesta a apuntar
evidencias científicas de los beneficios
del contacto con la naturaleza, recuerda
que “en espacios cerrados o muy
mayores niveles de estrés. José Antonio
Corraliza, catedrático de Psicología
Ambiental de la Universidad Autónoma
de Madrid (UAM), ha verificado con
diversos estudios –realizados con Silvia
Collado– la correlación entre naturaleza
y estrés. “Hemos medido con una escala
objetiva el contacto con la naturaleza de
un grupo de niños –si la vista de su
ventana permite ver mucha o poco
naturaleza, el tiempo que tarda en llegar
a un espacio verde, si tiene la posibilidad
masificados se acumulan iones
positivos que producen cefaleas,
nerviosismo y malestar, mientras
que en los espacios abiertos, en las
corrientes de agua, en los bosques
o cuando llueve se generan iones
negativos que son buenos para la
salud y el estado de ánimo; por eso
pasear una hora por el monte nos
ayuda a descargar el malestar y
cargarnos de iones de los buenos”.
Mari Luz Díaz alude a las experiencias
con animales que demuestran que si se
les mantienen encerrados muestran un
nivel de retraimiento mayor y una menor
capacidad de respuesta ante situaciones
difíciles. Otra evidencia, dicen los
expertos, es que en los parques
zoológicos los animales muestran más
problemas de comportamiento y
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“Que el contacto con la naturaleza es
muy importante no es una moda ni una
retórica sobre la calidad de vida; hay
datos empíricos que demuestran que
influye en el bienestar psicológico y
emocional y sobre las capacidades
intelectuales de las personas; y de hecho
esa idea ya fue descubierta y defendida
en el siglo XIX por las asociaciones de
tiempo libre y la institución libre de
enseñanza”, agrega Corraliza.