-Conmigo eso no funciona-Le advierto frunciendo el ceño y cruzándome de piernas, mientras retiro mis mechones alborotados para atrás-
Él se levanta sin más, pensando que es solo una enrabieta de niña pequeña, que se me pasará pronto, pero yo lo cojo de la camiseta que lleva puesta y en cuando puedo, de un tirón, lo siento a mi lado otra vez, mientras él me rueda los ojos…
-Zayn, esto va enserio! Y como veo que te da un poco igual y no quieres hablar como personas mayores, te lo voy a resumir en dos palabras, a ver si así lo entiendes-Hablo a toda prisa y a continuación me levanto poniéndome de brazos cruzados frente a él- ¿¡O yo o el trabajo?!-Le grito a todo pulmón ya bastante enfadada por su actitud infantil-
-A esto llegamos? Creo que te lo dejé bien claro hace tiempo!-Me responde con los músculos tensos y seguidamente se pone enfrente mío, ahora estamos a la misma altura-
Respiro su aire, el respira el mío, solo hace falta un pequeño movimiento, palabra, expresión, que nos haga explotar, a cada uno, a su manera.
-Espero tu respuesta-Le vuelvo a recordar y como no contesta salgo de casa disparada por la puerta, dejándolo a él en la sala de estar plantado sin habla-
Camino por las calles cercanas, sin un rumbo fijo. Las farolas que me iluminan con escasa luz me hacen ver lo oscura que es la noche. No hay nadie por esata zona y a mi cuerpo lo recorre un escalofrió. Sopla un aire fresco que me hace estremecerme de vez en cuando, chocando contra mi rostro y mi débil figura, aunque no lo parezca siento como si esos soplos helados, entraran a mi alma, a golpearse contra mis adentros. De vez en cuando, tengo que apartarme algún que otro mechón de pelo que se cuela sobre mis mejillas y me nubla la vista…
Puedo ver un pequeño parque rodeado de frondosos árboles verdes y decido sentarme en un banco de madera, que al dejar caer mi peso en este, cruje por su estado.
Despejo mi mente, y me da por cantar algo, lo primero que se me pasa por la cabeza. Mi boca empieza a entreabrirse y pronunciar las letras unidas sinfónicamente provocándome alegría en mi interior. La melodía fluye, mi diafragma me ayuda con mis notas altas, y como no hay nadie alrededor, y las casas están bastante alejadas, puedo cantar tan fuerte como quiera, siempre controlándome, porque cuando llevo un trozo, me entusiasmo demasiado y voy subiendo el volumen, ese pensamiento hace reír a mi subconsciente de nuevo.
Noto una presencia detrás de mí y paro de cantar, pero alguien me coge por detrás, dándome un cálido abrazo muy familiar. Inspiro su conocido aroma, y por muy enfada que este, no me muevo, porque este chico que tengo detrás, es por el que cada día sonrió, y es el que me ha hecho creer en el amor.