La ladera pelada del Monte Nimba
−Es para proteger a los chimpancés −nos
dijo−. Para que no les podamos transmitir
enfermedades.
Nos pusimos las máscaras y empezamos a
andar. El bosque de Bossou es aún una selva
primaria, y la afectación del hombre ha sido
mínima, por lo que los árboles llegan a ser
grandes y altos y los chimpancés encuentran
en ellos refugio y alimento. Pero la proximi-
dad de las minas del Monte Nimba tarde o
temprano les afectará. Se habla de construir
un corredor verde que conecte el bosque con
otras áreas de selva primaria donde la veinte-
na de chimpancés de Bossou pueda expandir-
se, pero es difícil saber si llegará a crearse en
el futuro: hay otros intereses en la zona que
son más poderosos.
Durante un cuarto de hora anduvi mos por
el fondo de un valle, siguiendo el riachuelo
que baja de la colina de Gban. La vegetación
del subsuelo, espesa y tupida, dificultaba el
paso. Pascal, delante nuestro, cortaba algunas
ramas con la ayuda de unas tijeras de podar
para facilitarnos el paso. A menudo, oíamos
en su walkie-talkie las indicaciones de los dos
primeros rastreadores que ya habían localiza-
do las trazas de unos chimpancés e informa-
ban al guía sobre donde se encontraban.
−Por aquí −nos dijo Pascal señalando la
montaña.
Sin camino trazado, nos internamos en la
selva ahí donde la pendiente era más fuer-
te. Al parecer, una madre y una cría estaban
jugando en algunos árboles de esa vertiente
40