mañana siguiente al Monte Nimba. Bajamos
del coche para preguntar por él. Media doce-
na de cerdos se cruzaron delante de nosotros
perseguidos por unos chiquillos y desapare-
cieron tras unos matorrales. Delante de una
casa, unas mujeres estaban pilando grano
al lado de una gran buganvilia que daba un
toque de color al pueblo marrón.
–¿Gono? Por ahí anda… Es ése, el de la
chilaba…
Se nos acercó un hombre de unos cincuen-
ta años, envejecido por el trabajo, demacra-
do por la precariedad, con una túnica verde
roída por el tiempo y ensuciada por el polvo.
Resultó ser también el jefe del poblado, pero
nos dijo que no nos podía acompañar en su
condición.
–Quizá pueda ayudarles Olivier… Pero hoy
es fin de año, así que no sé si va a poder…
Preparando mafé en una
cocina de Gbakoré
Entrada al Instituto de
Investigación de Bossou
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