Era el 31 de diciembre, pero no entendimos
por qué no podría si iba a ser a la mañana
siguiente, no esa noche…
–¿Y dónde podemos encontrar a este
Olivier?
–Ahí arriba, en el IFAN.
El Institut Fondamental d’Afrique Noire tie-
ne, en el Monte Nimba, una pequeña instala-
ción para acoger a sus investigadores de cam-
po, sólo unos kilómetros arriba de Sibadata,
en la carretera que lleva a Costa de Marfil.
Ahí es también donde nos recomendaron
dormir, así que nos subimos al coche y en
diez minutos estábamos delante de la verja
del Instituto.
En un recinto encerrado por un muro se
levantaban media docena de grandes caba-
ñas circulares con techo de chapa metálica
oxidada. No encontramos a nadie, así que
entramos en una de ellas. Cuando abrimos la
puerta, unas cuantas cucarachas recorrieron
el suelo y se escondieron dentro de una grieta.
En el techo, colgaban unas cuantas telarañas y
sus grandes propietarias. Unos colchones car-
comidos por el tiempo hacían las funciones
de camastro. Estaba todo muy abandonado.
No era el sitio adecuado para pasar la noche.
Oímos voces provenientes de un sendero
que se internaba en la selva, a un extremo
del claro donde estaban las cabañas. Eran dos
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