En silencio, se dirigió al cuarto de baño. Mientras se duchaba, pudo escuchar la voz de Antonio, que hablaba
por teléfono en voz baja. Ella no logró dis nguir con claridad lo que decía. Luego, lo oyó reír animadamente.
Al rato, Antonio encendió el televisor y se acostó. Mónica regresó a la habitación. Se acostó a su lado y fingió
ver la televisión. Pensaba en decirle algo más, hacer un úl mo intento. Cuando por fin se decidió a hacerlo,
volteó a mirar a Antonio y no llegó a pronunciar la primera palabra. Estaba profundamente dormido.
Su rostro reflejaba la placidez y aunque enseguida empezó a roncar, lucía en paz. Mónica apretó los labios,
incapaz de despertarlo. Cerró los ojos, dejando salir en silencio, el llanto amargo que se había esforzado
tanto en contener. Ya no importaba si lloraba. Él ni siquie