Revista de Arte Fragmento 5 No.5 | Page 26

navidad mientras se comía la comida recalentada de la noche de navidad que le había dado su esposa. Santiago caminó hasta su casa por la calle desierta, pasó al lado de la capilla y se le quedó viendo como si nunca lo hubiese hecho antes, como si fuese una edicación misteriosa que acababa de aparecer. Llegó a su casa sin saludar a su esposa quien lo tomó como que estaba cansado por el día de trabajo y la noche de horas extra. Se sentó en su butaca que daba a la ventana sin encender la lamparita para leer y se quedó allí, inmóvil, con una tristeza que le apretaba el cuerpo. A la hora y media se fue a su habitación muerto de cansancio. Se quitó la guardacamisa, las botas y el pantalón, al sacar la billetera del pantalón se le cayó un pequeño pedazo de papel que le había regalado su madre hacía ya varios años, lo recogió y al querer colocarlo de nuevo en la billetera, no pudo creer lo que estaba viendo. Se quedó sin aliento, se sentó en el colchón y un escalofrío entró y salió de su cansado cuerpo con una velocidad mortal. Sus ojos estaban jos en el trozo de papel, su esposa le preguntó qué pasaba, pero Santiago se había quedado mudo. Duró así unos minutos hasta que de pronto reaccionó, tomó el teléfono y llamó con urgencia a Rodríguez, éste había dejado el teléfono en el cuartito y no lo escuchaba. Santiago se vistió y salió corriendo. Llegó jadeando y sudando a la comisaría. Rodríguez seguía afuera hablando con su c ompañero. - Epa Santiago ¿qué haces aquí?, dijo Rodríguez en tono jocoso, ¿nos echamos una partidita? - ¿Do-dónde está?, ¿dónde está?, ¡dime Rodríguez! - ¿Dónde está quién?, cálmate, ¿qué te pasa? - ¿El preso, el que te entregué? - ¿Ése y para qué quieres saber dónde está? Lo tengo allá atrás, el pendejo no me quiere decir ni su apellido. Hijo de puta ese, ¡yo sé que él mató a es mamacita! Santiago sacó del bolsillo del pantalón el papelito y se lo mostró a Rodríguez. - Es él, ¿verdad Rodríguez?, ¿es él…? - Rodríguez lo vio y su rostro palideció en cuestión de segundos, se sentó viendo jamente el papelito, su rostro era de confusión y sorpresa. Vio a Santiago con incredulidad y hasta una risa de nervios se le salió. - ¿Qué carajo te pasa Santiago, me vas a venir con pendejadas ahora después de que me lo entregaste? ¿Qué mierda es esta? Pedro se había quedado solo, sin la presencia de aquel personaje, aunque lo escuchaba reír y gritar del otro lado de la puerta. Solo y desvaneciéndose de la culpa y el dolor. Casi no veía, no sentía varias partes de su cuerpo, se recostó en la mesa esperando que volviera su verdugo para la segunda tanda. De pronto las luces comenzaron a titilar, la mesa dio un ligero temblor seguido de un familiar zumbido el cual Pedro casi había olvidado. Las luces parecieron no aguantar y terminaron por apagarse dejando todo en una penumbra sobrecogedora. Un silencio total que no sentía desde hacía mucho tiempo, se hizo presente. Varios segundos pasaron así, Pedro reconocía lo que estaba pasando, en medio de la plena oscuridad podía ver y sentir lo que hacía demasiado tiempo no .