Relato en castellano
REBELDE:
Veo que está empezando a perder los nervios.
-Puede salir señorita, alguien ha pagado ya su fianza –Le comunica el policía, mientras ella simplemente le sonríe y sale disparada por la puerta.
Cuando me ve, su cabeza tarda en reaccionar, cuando se quiere dar cuenta la tengo rodeada entre mis brazos.
-Gracias. – Me susurra al oído, siento sus frías manos en mi espalda.
No le contesto, simplemente suspiro. Estoy harto de tener que cargar siempre con sus líos, estoy harto de sacarle de los apuros en que se mete, estoy decepcionado con ella, siempre está metida en algo malo, ya no puedo más con sus estupideces, ya no puedo aguantarla, tendría que saber comportarse como una adulta. Ya no volveré a pagar ninguna más de sus fianzas, esta ha sido la última, aunque sé que esto lo he dicho muchas veces y no he llegado a cumplir…
-Cógeme de la mano – le indico, mientras hacemos un pequeño contacto visual demasiado profundo- te confieso, prefiero la mentira a la verdad- le suelto pero la miro con cara de desatención, entonces ella vuelve a suspirar.
Echaba de menos el roce de sus manos… Ahora me siento aliviado. Ella podrá creer que no la quiero, pero en realidad lo que hago es amarla en cada corto segundo de mi vida. No negaré que me haya pasado noches en el bar bebiendo, uno tras otro, pensando en que hubiese podido pasar si no hubiese sido un idiota. Aunque también se del cierto que ella se ha lamentado mucho, y también ha llorado demasiadas veces por mí, eso hace que me encoja. Se ha portado mal conmigo, pero me lo merezco, me da mucha rabia, pero estas cosas me pasan por el tipo de persona que llego a ser.
Si al final todo lo que haces la vida te lo devuelve de una forma u otra.
Aunque me insulte demasiado y me joda la vida, la necesito a mi lado. Quizás, la manera que tenga de hacerme daño a veces pueda ser un escape para ella, no lo sé, o tan simplemente como que pierde el control.
La miro de reojo, la veo despistada y pensativa… A continuación, tras observar sus peligrosos labios rojizos demasiado tentadores, intento mantenerme en mi lugar, porque me dan impulsos y actos reflejos de besarla en cualquier momento y empezar un juego salvaje, si hace falta aquí, en medio de la calle…
La necesito, necesito tocarla, sentirla, tenerla todos los días a mi lado… No puedo soportar la idea de que otro este ocupando mi lugar ahora mismo.
-Eres el imbécil más grande que he conocido. –Se ríe con falsedad. -¿Te lo montaste bien con ese chico rubio el otro día? –Le pregunto exigiendo respuesta, intentando intimidarla, me da mucha rabia que no esté en mis manos, siento celos cuando pienso en ello.
pienso en ello.
-Te lo diré sin indirectas; Prefiero montármelo yo misma antes de montármelo contigo. –Me contraataca.