-Cada día eres más… -Le recuerdo, pero antes de seguir cierro mis labios rápidamente, no quiero soltar otro disparate.
Está intentando mantener el control, la conozco, inmediatamente saca de su bolsillo un paquete de cigarrillos, coge uno de ellos, se lo enciende y da algunas caladas cortas.
-Dejaré de ser tan ***** cuando tú dejes de ser un imbécil. –Me tita el humo en la cara y el cigarrillo al suelo.
-Tienes razón, esto es culpa mía, lo siento, no soy bueno para ti. –Le comento decaído.
Nos callamos y el ambiente absorbe un silencio extraño pero no incómodo.
Lentamente, ella se acerca cada vez más a mí, haciendo así que respiremos el mismo aire. Tomo la iniciativa de besar sus dulces labios que tanto añoro, pero me sorprende el hecho de que ella se aparte de mi alcance.
-¿Por qué? –Pregunto enfadado-todo tiene que ser a tu manera, es como si estuviésemos viviendo una mentira. –Acabo de comentar y me besa.
Nuestras bocas se unen en una sola y nos entrelazamos conectando perfectamente.
-Aún sientes algo por mí. –Me afirmas
-No… -contesto no muy convencido.
-Sé que aunque no lo digas, lo sientes. Lo veo en tus ojos. –Me comenta débilmente.
-No ves que lo nuestro no puede funcionar… -Argumento alterado- somos como el día y la noche; puede
De golpe, soy yo el que ahora vuelve a tomar la iniciativa y la beso de nuevo con ímpetu, ella no me frena esta vez, sino que más bien, deja que continúe, porque aunque no lo acepte sé que nos amamos desde el día que nos conocimos y la deseo tanto como ella a mí.
-Te prometo que no te odio. Simplemente me decepciona que te hayas convertido en todo lo que un día dijiste que no serias. -Digo después de separar nuestros labios y cuerpos, me doy la vuelta y desaparezco.
Finalmente he tenido las agallas de enfrentarme a ella y a mí mismo, de superarlo todo. Después de esos besos he entendido perfectamente lo que éramos y lo que algún día podríamos llegar a ser, así que mejor así…
No creo que volvamos a estar juntos, quizás nunca pueda volverla a ver, somos de mundos distintos, lo nuestro es difícil de solucionar. No pienso lloras por ella, lo siento mucho, tengo que mantener la compostura. Nunca encontraré a una mujer como ella, que me lleve al borde de las situaciones, que me haga feliz, que me vuelva tan loco como para perder mi orgullo por ella. La quiero, la querré y siempre recordaré, pero a veces las cosas no salen bien, y por más que no lo quiera aceptar, este momento es un momento clave, el último instante en el que podré recordar el olor de su fragancia, la caricia de sus labio, el contacto de sus manos, sus ojos esmeralda… el último momento que la volveré a ver…