desarrollado informes y buscado información. A veces pensaba en cómo se
movían sus dedos por el teclado.
Cada uno teníamos nuestra propia carpeta (« Papá» , « Mamá» , « Mickey » )
y abrí la suy a. Ordené los archivos por fecha de apertura. Por unos instantes, me
sorprendió ver que uno de ellos se había abierto hacía solo seis semanas, pero
entonces me di cuenta de que mi tío había estado registrando el ordenador en
busca de pistas acerca de la vida de su hermano.
El último archivo que había abierto (el más reciente) se llamaba « Carta de
renuncia» . Hice doble « clic» en el documento.
Para el Refugio Abeona.
Querido Juan:
Viejo amigo, te aseguro que renuncio con gran tristeza a mi puesto en
esta maravillosa organización. Kitty y y o nunca dejaremos de ser
seguidores leales. Creemos fielmente en esta causa, como demuestra todo
lo que hemos hecho por ella. Aunque a veces pienso que hemos ganado
más nosotros que los propios jóvenes a los que ay udamos. Ya sabes a qué
me refiero. Siempre te estaremos agradecidos.
Desgraciadamente, es hora de que los Bolitar dejen de dar vueltas por
el mundo y echen raíces. He conseguido un trabajo en Los Ángeles. A
Kitty y a mí nos encanta ir de un lado para el otro, como los nómadas,
pero hace mucho tiempo que no paramos y consideramos que Mickey lo
necesita. Él no pidió llevar esta vida, y se pasa el tiempo haciendo amigos
y perdiéndolos; sin un lugar que considerar su hogar. Necesita normalidad
y la posibilidad de perseguir sus ilusiones; especialmente, el baloncesto.
Así que tras pensarlo largo y tendido, Kitty y y o hemos decidido
asentarnos en una ciudad donde pueda cumplir sus tres últimos años de
instituto y, más tarde, ingresar en la universidad.
Después, ¿quién sabe? Yo tampoco pensé jamás que acabaría llevando
esta vida. Mi padre siempre me recordaba un proverbio y idis: « Mientras
el hombre hace planes, Dios se ríe» . A Kitty y a mí nos gustaría volver
algún día; aunque soy consciente de que nadie deja realmente el Refugio
Abeona. Sé que pido demasiado, pero espero que lo comprendas. Entre
tanto, haremos todo lo posible para que esta transición sea sencilla.
Tu hermano, Brad
Leí la carta dos veces más, con los ojos llenos de lágrimas. Oía ruidos arriba,
pero pasé de ellos. Sabía muy bien lo que ponía en la carta. No decía nada de lo
que no fuera consciente en su momento. Pero verlo así… expresado tan
claramente por mi difunto padre… me atenazaba el corazón.
Sí, me había cansado de estar viajando constantemente. Quería una vida