REFUGIO HARLAN Refugio - Harlan Coben ULT | Page 64

dos tibias cruzadas. Ya no llevaba la tachuela en la ceja, sino un aro de plata. Metió las manos en los bolsillos y miró la canasta. —Debe de ay udar. —¿Qué? —El baloncesto. Tener una afición como esa. —Sí. ¿Tú, tienes alguna? —¿Alguna afición? —Sí. Miró hacia un lado. —Pues no… —¿Pero? —Oy e, esto es muy raro —y sacudió la cabeza. —¿El qué? —Que seas majo conmigo. —No empieces otra vez —y suspiré. —Soy la gorda marginada y tú eres el nuevo guaperas al que Rachel Caldwell le ha echado el ojo. —¿Rachel Caldwell? ¿Tú crees? —… Tío —respondió tras poner los ojos en blanco. A punto estuve de sonreír… pero recordé lo que había pasado hoy. Es curioso cómo puedes llegar a olvidarte de las cosas por momentos; cómo incluso, ante situaciones terribles, puedes engañarte y llegar a creer que todo va a salir bien. —El verdadero marginado soy y o. Soy el nuevo, mi padre está muerto y mi madre es una drogata. —¿Tu madre es drogadicta? Se me había escapado. Cerré los ojos. Cuando los abrí, Ema se había acercado un poco. Me miraba de forma muy dulce. —No me compadezcas, ¿vale? Ignoró mi arrebato. —Háblame de ella. No me preguntes por qué, pero volví a hacerlo. Imagino que nunca había tenido una amiga así. Tenía que ser por eso. Le había dicho que lo estaba pasando mal y había venido a verme… a la una de la mañana… como si también fuera su problema. Pero creo que era algo más profundo. Ema tenía esa forma de ser. Te entendía. Era como si supiera qué tenía que responder y quisiera que te sintieras mejor. Así que le hablé de ella; se lo conté todo. Cuando acabé, sacudió la cabeza y dijo: —Pan de ajo… vay a. A eso me refería, con lo de que te entendía. —Tienes que estar muy cabreado. —No es culpa suy a —y negué con la cabeza.