REFUGIO HARLAN Refugio - Harlan Coben ULT | Page 63

natural, querían ver el lugar en el que descansaba su hijo. Y y o también quería volver a verlo. —No, no lo canceles. Asintió y no volvimos a hablar. Cuando llegamos a casa, bajé corriendo al sótano, cerré la puerta tras de mí y me puse a hacer los deberes. La señora Friedman nos había pedido que hiciéramos una redacción sobre la Revolución Francesa. Me puse a ello e intenté concentrarme con todas mis fuerzas para no pensar en otras cosas. Hago pesas cuatro veces a la semana, pero hoy me lo había saltado; así que me tumbé en el suelo e hice tres tandas de sesenta flexiones. Me sentaron genial. Me di una ducha. A medianoche, me tumbé en la cama e intenté leer un libro, pero me costaba mucho, como si hubiera niebla. Apagué la luz y me quedé a oscuras. No iba a poder dormir. Mi tío no había puesto televisión aquí abajo. Me planteé subir al cuarto de estar para ver SportsCenter o algo, pero no quería encontrarme con él. Cogí el móvil y le mandé el enésimo mensaje a Ashley. Esperé a que respondiera; pero nada, claro está. Se me pasó por la cabeza contárselo al señor Waters pero ¿qué iba a decirle exactamente? Y lo estuve pensando unos minutos. Abrí el portátil y empecé a hacer búsquedas sobre los padres de Ashley, pero no llegué muy lejos. El señor Kent era médico cardiólogo en el hospital Valley. Y la señora Kent, según la propia Ashley, era abogada en un importante despacho de Roseland. ¿Y? A la una de la madrugada vibró el móvil. Me levanté de un salto para cogerlo con la esperanza de que fuera Ashley. Pero no, era Ema: « ¿Estás despierto?» . Le respondí que sí. « ¿Entramos en casa de la Murciélago otra vez mañana?» . « No puedo. Vuelo a L. A.» . « ¿Por?» . En ese momento, hice algo que no suelo hacer: contar la verdad. « Voy a visitar la tumba de mi padre» . Hasta y o me quedé sorprendido. Cuando a los cinco minutos no me había respondido, empecé a arrepentirme. ¿Quién suelta algo así, sin más? Quizá hubiera tenido un momento de debilidad; emocionalmente, había sido un día terrible, confuso. Pensé en qué escribir, en cómo dar marcha atrás, cuando me llegó otro mensaje de Ema: « Mira en el patio» . Bajé de la cama, me acerqué a la ventana del lavadero y vi a alguien que se parecía a Ema haciendo que la luz de su móvil resplandeciera. « Dame tres minutos» , le escribí. Pero tardé incluso menos. Me puse unos pantalones cortos y una camiseta y salí al patio. Ema iba vestida de negro, con su rollo gótico, a lo vampiro —pero claro, de qué me sorprendía—. Llevaba unos pendientes con una calavera sobre