—¡Eh, espera!
No me hizo ni caso y siguió andando, así que volví a gritarle. Se detuvo, se
giró y, por unos instantes, me pareció que esbozaba una sonrisa. ¡Qué cabrón! Me
zafé de mi club de fans de borrachines y apresuré el paso. La gente se quedó
sorprendida. Por el rabillo del ojo vi que el padre de Ty rell se daba cuenta de que
algo pasaba y que empezaba a seguirme.
El calvo estaba y a al otro lado de la calle, pero y o reducía las distancias
rápidamente. Estaría a unos treinta o cuarenta metros cuando el coche negro de
las lunas tintadas se paró junto a él.
—¡Espera!
Pero no lo iba a conseguir. El tipo se dio la vuelta, asintió con la cabeza como
diciendo: « Buen intento» , y se subió al coche; que salió a toda pastilla.
No me molesté en tomar la matrícula; y a la tenía. Justo entonces llegó el señor
Waters. Me miró preocupado.
—¿Todo bien, Mickey ?
—Sí.
No se lo había tragado.
—¿Qué está pasando, hijo?
Ty rell acababa de llegar también y se quedó junto a su padre. Me miraban,
ambos, hombro con hombro… y sentí una gran envidia. Me sentía agradecido
por la preocupación de aquel hombre, pero no podía dejar de pensar en cuánto
me gustaría que fuera mi padre quien estuviera allí, preocupándose por mi
bienestar.
—Nada, es que me ha parecido que le conocía.
Seguía sin tragárselo.
—Venga, que todavía queda un partido —dijo Ty rell.
Pensé en mi madre, en casa tras la terapia, preparando los espaguetis con
albóndigas. Casi podía oler el pan de ajo.
—Es un poco tarde y tengo que coger el autobús.
—Puedo llevarte en coche —se ofreció el padre de Ty rell.
—Gracias, señor Waters, pero no le puedo pedir que dé una vuelta tan grande.
—No te preocupes. Además, tengo un caso en Kasselton. Me vendrá bien un
poco de compañía.
El último partido lo perdimos —en parte, porque y o estaba muy distraído—.
Al acabar, todos nos chocamos las palmas o nos golpeamos el pecho para
felicitarnos por los partidos. El señor Waters nos estaba esperando. Ty rell se sentó
delante; y y o, detrás. Dejó a su hijo frente a la casa adosada de Pomona Avenue
en la que vivían. En la casa adosada de al lado vivían la tía de Ty rell y sus dos
primos. La calle, llena de árboles, estaba en el barrio de Weequahic.