caminaba.
—Y por la mañana haré gofres para desay unar.
—Esa me la sé —sonreí.
—¿En serio?
—Se lo dice Asno a Shrek.
—Juegas a baloncesto.
No sabía si era una afirmación o una pregunta. Asentí. Cuando mides 1,95
estás acostumbrado a que te lo pregunten.
—Te llamas Mickey Bolitar.
—Sí.
—El nombre « My ron Bolitar» está por todo el gimnasio. Ostenta casi todas
las mejores marcas baloncestísticas del colegio: más puntos, más rebotes, más
victorias…
Me lo sabía de memoria.
—¿Es tu padre?
—Mi tío.
—Ah. El año pasado, el equipo hizo un parcial de 18-5. Pero perdió en la final
estatal. Los seis mejores jugadores siguen este año en el equipo. Van a último
curso.
Eso también lo sabía. Esa era la razón de que y o, un humilde alumno de
segundo, estuviera manteniéndome al margen de momento. Aún no había jugado
en el pueblo, prefería ir a Newark a echar partidillos más competitivos en la
calle.
Pasamos al lado de un campo de entrenamiento de fútbol americano. Los
niños no debían de tener más de diez años y, aun así, los entrenadores les gritaban
como si estuvieran en la liga universitaria. En este pueblo se hacía mucho
hincapié en el deporte. La primera semana de clase pregunté cuántos deportistas
profesionales habían salido de aquel instituto. Uno: mi tío. Y, en realidad, nunca
llegó a jugar como profesional. Fue elegido en la primera ronda del draft, sí, pero
se destrozó la rodilla en la pretemporada. Nunca llegó a vestirse para los Celtics.
A veces pienso en ello, en lo que debió de ser para él… y me pregunto si aquello
explicaría la tensión que había entre mi padre y él. Pero, igualmente, la culpa de
lo que pasó entre ellos había sido suy a. Así que no había razón para perdonarle.
—Es por aquí.
El poste de piedra que había delante de aquella agrupación de casas, que
parecía nueva, rezaba: « Urbanización Prema» . Se veía que era una zona de
pasta. Las calles estaban bien iluminadas. El césped no podía estar más verde por
mucho que lo pintasen con pintura industrial. Los jardines estaban demasiado
bien cuidados, como cuando vas a ver una obra que los actores han ensay ado una
y otra vez. Las casas, grandes, estaban hechas de piedra y de ladrillo para
representar que eran antiguas, aunque no lo conseguían.