Cuando llegamos a lo alto de Carmenta Terrace, miré hacia la casa de los
Kent y el corazón me dio un vuelco. Ante la puerta principal había cuatro coches
de policía con las luces encendidas. Y lo peor de todo es que había una
ambulancia en la calle. Empecé a correr hacia allí a toda velocidad. Aunque le
sacara una cabeza, el Cuchara me mantenía la zancada. Había policías en el
jardín y uno de ellos tomaba notas mientras hablaba con un hombre que parecía
un vecino. La puerta principal estaba abierta; a través de ella se veían el
vestíbulo, una gran araña y un policía de guardia.
Cuando llegamos a la acera, el Cuchara se detuvo, pero y o no. Yo seguí
corriendo hasta la puerta. El policía que la custodiaba se dio la vuelta sobresaltado
y gritó: « ¡Alto!» .
—¿Qué ha sucedido? —pregunté mientras el Cuchara llegaba a mi altura.
El hombre puso cara de desaprobación evidente. No solo torció el gesto, se le
contrajo toda la cara. Era cejijunto y tenía una frente como la del hombre de
Cromañón. La ceja también se contrajo. Fulminó al Cuchara con la mirada y
volvió a mirarme a mí.
—¿Quién eres?
—Soy amigo de Ashley.
Cruzó los brazos por delante del pecho, en el que se podría haber jugado al
paddle.
—¿Te he pedido que me hagas un listado de tus amigos? —y suspiró
largamente—. ¿O te he preguntado quién eres?
Joder…
—Me llamo Mickey Bolitar.
—Ah —y levantó la ceja—, así que eres el chaval de My ron —pronunció su
nombre como si escupiera el veneno que acababa de extraer de una mordedura
de serpiente.
—No, su sobrino. ¿Podría decirme si…?
—¿Acaso tengo pinta de bibliotecario? —me espetó.
—¿Disculpe?
—Sí, de bibliotecario. Que si piensas que estoy aquí para responder a tus
preguntas; como un bibliotecario.
Miré al Cuchara, que se encogió de hombros.
—No, no pienso que sea usted un bibliotecario.
—¿Vas de listillo?
—¿Cómo? No, no.
—Vay a, pero si eres un sabihondo; como tu tío.
Me daban ganas de decirle que a mí tampoco me caía bien. Pensé que
aquello nos uniría, como si le hubiera sacado un pincho de la patita… Pero no,
daba igual lo que pensara de mi tío, no iba a vender a mi familia para aplacar a
un cromañón.