cubierta con un mantel de cuadros como los de las pizzerías. Sobre la mesa había
un salero y un pimentero con el contenido endurecido. Salí de la cocina y me
encontré ante una escalera de caracol que subía al primer piso donde… sin
duda… estaba el dormitorio de la mujer.
—¡Hola!
Nada.
En cuanto puse el pie en el primer escalón me volvieron las imágenes de la
Murciélago vistiéndose o duchándose… y decidí quedarme en la planta baja.
¡Puaj! No iba a subir. Al menos, de momento.
Entré en la sala de estar. Estaba a oscuras. El marrón era el color
predominante de la habitación. Entre la suciedad y las tablas que tapaban las
ventanas, entraba muy poca luz. En la habitación había un reloj de pie bien
grande, que también estaba parado. También vi un armarito con un estéreo. Hi-Fi
, creo que le llamaban a eso. En lo alto había un tocadiscos y, a un lado, unos
cuantos vinilos apilados. Pet Sounds, de los Beach Boy s, los Beatles cruzando
Abbey Road y My Generation, de los Who. Intenté imaginar a la Murciélago
poniendo estos clásicos del rock a todo volumen. Joder, qué imagen.
Me detuve para ver si oía algo. Nada. Al otro lado de la habitación había una
chimenea gigantesca. La repisa estaba vacía excepto por una fotografía. Avancé
para verla, pero vi algo que hizo que me detuviera en seco: en el tocadiscos había
un disco. Era un disco que conocía muy bien. El último álbum que había estado
escuchando la Murciélago se titulaba Aspect of Juno y era de los HorsePower.
Mis padres lo escuchaban a menudo. Hace años, cuando mis padres se
conocieron, mamá era amiga de Gabriel Wire y Lex Ry der, los fundadores de la
banda. A veces, cuando papá se iba de viaje, mamá ponía el disco y se echaba a
llorar.
Tragué saliva. ¿Sería una coincidencia? Por supuesto. HorsePower era un
grupo bastante famoso. Mucha gente compraba sus discos. Incluso la Murciélago
les había comprado uno, ¿y ? Solo era una casualidad. Sí… pero menuda
casualidad. Aunque aún desconocía todo lo que implicaba.
« Sigue» , pensé y avancé hasta la fotografía de la repisa. El hogar estaba
lleno de hollín y ceniza y hojas de periódico amarillecidas. Cogí el marco con
miedo de que se me rompiera en pedazos en las manos. Pero no fue así. El cristal
tenía muchísimo polvo y soplé para limpiarlo. Mala idea. El polvo se me metió
en los ojos y en la nariz. Estornudé y empecé a llorar. Cuando se me pasó,
parpadeé, abrí los ojos y observé la fotografía: hippies.
En la foto había cinco personas, tres mujeres y dos hombres, dispuestas de
forma alternada —chico, chica, chico, chica; y a me entiendes—. Todos ellos
llevaban el pelo largo, pantalones de talle bajo y collares y pulseras de cuentas.
Las mujeres llevaban flores en el pelo; y los hombres, barba descuidada. Era una
fotografía vieja —y o diría que de la década de los sesenta— y es probable que