REFUGIO HARLAN Refugio - Harlan Coben ULT | Página 25

cubierta con un mantel de cuadros como los de las pizzerías. Sobre la mesa había un salero y un pimentero con el contenido endurecido. Salí de la cocina y me encontré ante una escalera de caracol que subía al primer piso donde… sin duda… estaba el dormitorio de la mujer. —¡Hola! Nada. En cuanto puse el pie en el primer escalón me volvieron las imágenes de la Murciélago vistiéndose o duchándose… y decidí quedarme en la planta baja. ¡Puaj! No iba a subir. Al menos, de momento. Entré en la sala de estar. Estaba a oscuras. El marrón era el color predominante de la habitación. Entre la suciedad y las tablas que tapaban las ventanas, entraba muy poca luz. En la habitación había un reloj de pie bien grande, que también estaba parado. También vi un armarito con un estéreo. Hi-Fi , creo que le llamaban a eso. En lo alto había un tocadiscos y, a un lado, unos cuantos vinilos apilados. Pet Sounds, de los Beach Boy s, los Beatles cruzando Abbey Road y My Generation, de los Who. Intenté imaginar a la Murciélago poniendo estos clásicos del rock a todo volumen. Joder, qué imagen. Me detuve para ver si oía algo. Nada. Al otro lado de la habitación había una chimenea gigantesca. La repisa estaba vacía excepto por una fotografía. Avancé para verla, pero vi algo que hizo que me detuviera en seco: en el tocadiscos había un disco. Era un disco que conocía muy bien. El último álbum que había estado escuchando la Murciélago se titulaba Aspect of Juno y era de los HorsePower. Mis padres lo escuchaban a menudo. Hace años, cuando mis padres se conocieron, mamá era amiga de Gabriel Wire y Lex Ry der, los fundadores de la banda. A veces, cuando papá se iba de viaje, mamá ponía el disco y se echaba a llorar. Tragué saliva. ¿Sería una coincidencia? Por supuesto. HorsePower era un grupo bastante famoso. Mucha gente compraba sus discos. Incluso la Murciélago les había comprado uno, ¿y ? Solo era una casualidad. Sí… pero menuda casualidad. Aunque aún desconocía todo lo que implicaba. « Sigue» , pensé y avancé hasta la fotografía de la repisa. El hogar estaba lleno de hollín y ceniza y hojas de periódico amarillecidas. Cogí el marco con miedo de que se me rompiera en pedazos en las manos. Pero no fue así. El cristal tenía muchísimo polvo y soplé para limpiarlo. Mala idea. El polvo se me metió en los ojos y en la nariz. Estornudé y empecé a llorar. Cuando se me pasó, parpadeé, abrí los ojos y observé la fotografía: hippies. En la foto había cinco personas, tres mujeres y dos hombres, dispuestas de forma alternada —chico, chica, chico, chica; y a me entiendes—. Todos ellos llevaban el pelo largo, pantalones de talle bajo y collares y pulseras de cuentas. Las mujeres llevaban flores en el pelo; y los hombres, barba descuidada. Era una fotografía vieja —y o diría que de la década de los sesenta— y es probable que