—¿Y eso? ¿Qué tienes en mente?
—Quiero entrar en la secretaría y ojear el expediente de un alumno.
—¿El de quién?
—El de Ashley Kent.
El instituto acaba a las tres de la tarde, pero el Cuchara me había dicho que
habría moros en la costa hasta las siete, así que me quedaban cuatro horas por
delante. Era muy pronto para ir a visitar a mi madre —solamente podía hacerlo
por la tarde-noche porque por el día seguía un programa de rehabilitación—, así
que decidí ir a casa de la Murciélago.
Me llegó un mensaje de voz mientras salía del instituto. Seguro que era de
algún adulto. Los chavales mandamos mensajes de texto. Los adultos dejan
mensajes de voz; que son un engorro, porque tienes que llamar, escuchar a la
operadora y el mensaje y, después, borrarlo. Efectivamente, el mensaje era de
mi tío My ron: « He reservado los vuelos a Los Angeles para primera hora del
sábado» , con voz apagada. « La vuelta la tenemos al día siguiente» .
Los Ángeles. Íbamos a ver la tumba de mi padre. Mi tío no había llegado a
ver el lugar de descanso de su hermano. Mis abuelos, que se encontrarían allí con
nosotros, tampoco habían visto dónde descansaba su hijo menor.
El mensaje seguía: « Como es natural, he comprado un billete para tu madre.
No podemos dejarla sola. Sé que mañana querréis estar solos, pero creo que
quizá debería estar por allí. Por si acaso» .
Fruncí el cejo. Ni de coña.
« Bueno, espero que estés bien. Llegaré por la noche; por si quieres pedir una
pizza o algo» .
No me apetecía hablar con él, así que le mandé un mensaje: « No voy a estar
para cenar. Creo que mamá estará más cómoda si no vienes» .
No le iba a sentar bien, pero me daba igual. No era mi tutor. Eso era parte del
trato que teníamos. Cuando se enteró de que mi padre había muerto y de que mi
madre estaba teniendo problemas, nos amenazó con ir a juicio para conseguir mi
custodia. Le dije que si lo hacía me escaparía —aún tengo muchos contactos al
otro lado del charco— o pediría la emancipación.
Puede que mi madre no lo estuviera haciendo bien, pero era mi madre. No
fue un combate limpio pero, al final, mi tío y y o llegamos —si no a un acuerdo—
a un alto el fuego. Accedí a vivir en su casa de Kasselton, en Nueva Jersey ; la
casa en la que crecieron mi padre y él. Sí, me resultaba extraño, pero bueno.
Duermo en la habitación del sótano (que había sido el dormitorio de mi tío) y
hago todo lo posible por evitar subir a la habitación del primer piso donde mi
padre pasó su infancia. Todavía me da repelús.
A cambio de que y o aceptase vivir en su casa, mi tío accedió a que mi madre