Análisis y perspectivas de la reforma educativa
dista mucho de ello; en todo caso el valor de lo que diga radica en la convicción de mis consideraciones.
El contexto económico y político
Para muchos especialistas, y para la sociedad en general, nuestro país vive una profunda crisis estructural que ha impactado en todos los órdenes de nuestro sistema y que se está reflejando en un sistema fracturado, produciendo incredulidad, desesperanza y hartazgo. Esta crisis es el resultado del modelo neo-neo, neoliberal y neoconservador, cuyos objetivos son adecuar la vida y la cultura de nuestro pueblo a los valores propios de la globalización: individualismo, competitividad, mercado libre, y la conformación de un estado garante del comercio y alejado de su responsabilidad del bienestar social. Un estado así, cuestionado en sus principios requiere legitimarse para poder operar con cierto grado de aceptación; por eso, diría Delval, que el deporte favorito de los gobiernos es hacer reformas. Este no es la excepción; cuestionada su legitimidad en el proceso electoral, el gobierno necesita presentarse como una instancia que promueve el cambio. Al mismo tiempo, impulsa un proyecto coherente con los intereses de quienes se han constituido en su principal sostén: los empresarios y los poderes mediáticos, con intereses propios. Esto no es nuevo, más bien es parte de un largo proceso mediante el cual, desde hace varios sexenios, han venido impulsando e imponiendo políticas acordes con dicho modelo. Así ha pasado con la política educativa desde los 80s. No en balde, el gran maestro Pablo Latapí afirmaba en 1997: Los modernizadores de la economía aspiran también a transformar el Estado y las leyes, los aparatos políticos, los comportamientos de los grupos sociales y el funcionamiento de los servicios públicos, entre ellos el educativo. En sus diagnósticos han calificado a los sistemas escolares, principalmente a los del mundo en desarrollo, de maquinarias ineficientes y costosas, excesivamente centralizadas, desvinculadas de los requerimientos de la economía y operadas por maestros altamente improductivos. Para reformar la educación propugnan un modelo que abarca transformaciones en tres grandes ámbitos: en el político-administrativo se propone disminuir la intervención del estado, desregular las prácticas educativas, abatir el gasto público y privatizar algunos segmentos del sistema escolar; en el económico, generar un “mercado educativo” que aumente las opciones de las familias, remunerar a los maestros en razón de su rendimiento comprobado, ajustar los costos en función de los beneficios y estimular la competitividad; y en el ámbito pedagógico se enfatiza el aprendizaje de conocimientos “básicos” (entendiéndolos a veces como fundamentales, a veces como útiles y aplica73