REFLEJO | Page 44

Mirabas al cielo y lucia molesto, con ganas de llover muy fuerte, a cantaros. Se percibía cierta electricidad en el ambiente. Y es que ya casi había pasado un año desde la última vez que nos vimos y sin embargo todo indicaba una noche aburrida, estancada entre el recuerdo y los planes. Solo una legión de caballitos tequileros cambiarían mi semblante, pero aquella maldita infección que llevaba dos semanas atacando mi garganta me alejo de los tragos. Determinantemente prohibido cualquier sorbito de alcohol, so pena de alguna reacción secundaria, muy probablemente violenta.

Cero alcohol. Vaya forma de pasar una reunión entre amigos donde el motivo principal es beber y hablar como viejos cosacos.

-¿Un mezcalito, mano?

- No, hombre… ¿qué tal un cafecito? (¿Pero qué mariconada es esa?)

Nuestro anfitrión, el buen Paco, estaba eufórico y para no dejar atrás a un hermano caído comenzó atravesarse grandes vasos de mezcal con refresco de toronja y, para darle un poquito más de sabor, mezclaba sus bebida con buenas canciones. Tenía tres semanas escuchando el soundtrack de “Requiem por un sueño” y parecía entrar en algún trance a la menor provocación del Kronos Quartet.

De pronto se detuvo en una conga. Una conga diabólica, esas fueron sus palabras. Ya sabes, la que suena cuando a la madre del protagonista le da un delirio y la gente baila mientras un refrigerador desobediente intenta tragarse a la vieja.

En esas mismas estaba cuando Paco comenzó a hablar, a debrayar. Algo sobre el poder, el futuro, la edad, sobre la impotencia y la corriente. Su deseos y alucinaciones bailando al compás de una fila de conga… y la locura… y la oscuridad y panis et circus y… ¡a bailar!.

Hablaba y gesticulaba violentamente, casi al ritmo de los cambios de la canción. Para entonces la penumbra nos había invadido y la única luz en la habitación era el tenue resplandor verde del reloj sin programar en la caratula del minicomponente.

DESTELLOS

De pronto, en el climax de la canción y justo cuando mi borracho amigo experimentaba el límite de su traLas luces, de pronto, se prendieron. Un destello brillante inundo de pronto la pequeña sala.

-¿¡Mierda!?... ¡prende la luz!

Del techo colgaba una vieja lámpara tubular con tres esferas blancas, un estilo muy de fines de los sesenta que por alguna razón iba a la perfección con las carpetitas tejidas y los cuadritos de payasos depresivos. Pero algo no estaba bien, una de las tres esferas no prendía cuando hace solo unos segundo había brillado con intensidad.

-¿Qué demonios?... No, viejo…. ¡Te juro que si esa mierda no tiene foco yo me largo de esta casa!

- No me vengas con tus pinches carlostrejadas ahorita, seguro que fue una variación de la corriente y en una de esas se fundió.

Aquella era la voz de Francisco, el científico. El Biólogo molecular. Hablando tranquilo con la autoridad de la razón en sus manos. Habrías de ver la cara que puso cuando me levante y retire la esfera que colgaba retadora.

En efecto no había foco y te lo puedo jurar ya que no había alguien más cuerdo. Y ahí estaba, más sobrio que un predicador en domingo. Estupefacto, sosteniendo una esfera blanca en la mano izquierda. Francisco se estremeció violentamente. La tensión se podía cortar con un cuchillito de plástico y servirse en platitos desechables untada con humo de cigarrillo nervioso y sorpresa malsana.

-Mejor vamos por unas chelas…

En el camino al Oxxo nadie hablo. Todo fue incomodidad y desconcierto hasta que a José le vino a la cabeza orinar en el terreno de a lado antes de volver a la casa. La promesa de un cartón de cervezas y los recuerdos en el baldío llenaron rápidamente los silencios. El aire decembrino de Tecámac cortó el estupor y volvimos. Un servidor con café en mano. (¿Qué mariconada es esta?).

Y la fiesta se reactivó. Cambiamos la música y los temas; y Paco se relajó y evito por cualquier motivo recordar el suceso. Sin embargo olvido algo importante: colocar la esfera en su lugar.

Así que nos miró, toda la noche, desde la mesa del comedor, reflejando el brillo de allá, afuera…

Moisés García Mtz