REFLEJO | Page 41

. Cualquiera que fuera la ocasión, para mi era un espectáculo pero siempre terminaba en el baño.

La molestia de mi mamá por la presencia de esa “mujerzuela” como la llamaba era evidente, a mi la verdad me daba risa cuando le decía así, me tenía prohibido dirigirle la palabra pero... lo prohibido siempre es más divertido e interesante. ¿ No lo creen?. En varias de las juntas de vecinos, las mujeres se quejaban de Rebeca, ¡Sí! Así se llamaba y lo supe hasta que una de las vecinas gritó:

* ¡Esa golfa! La tal Rebeca mete hombres a su casa, no voy a permitir que mis hijos vean esas cosas, ya me hacen preguntas y no sé qué responder.

La mayoría de viejas locas estaban de acuerdo, pero no tenían cómo correrla porque era muy puntual en el pago de mantenimiento, no hacía escándalos y no se metía con nadie. Pero ésta vez fue diferente, llegó muy decidida y pidió el microfono:

* ¡No entiendo qué es lo que les molesta! No me meto con nadie y se la pasan insultándome, no lo voy a permitir. No pienso dar explicaciones de mi vida, si vienen cien hombres a visitarme a ustedes no debería importarles, dejen de molestar, viejas argüenderas.

Por dentro yo gritaba ¡ Eso mi amor, ponlas en su lugar!, pero solamente por dentro, porque de gritarlo de verdad mi madre no dudaría ni tres segundos en acomodarme tremendas cachetadas. Pero bueno, yo la apoyaba, creo que pueden coincidir conmigo en que es muy incómodo que alguien que no conoces tenga el atrevimiento de juzgarte o aconsejarte que vayas por “el buen camino” y mucho menos que te regañen cuando no saben las razones que te han llevado a tomar ese tipo de desiciones.

No me molestaba que ella fuera una prostituta, porque al fin y al cabo eso era, una mujer que llevaba hombres a su casa y seguramente cobraba mucho dinero, las mujeres más hermosas cobran más.

Pero eso era lo de menos a mi lo que me importaba era tener por lo menos algún encuentro con ella, a solas.

Una noche, subí para saber si tenía la suerte de encontrarla como en otras ocasiones...

* ¡Ups! Creo que me vio. Me volví a asomar y estaba ella parada en la ventana.

* ¡Hey, tú! Ven aquí...

Sin pensarlo dos veces bajé corriendo, un poco nervioso pero sabía que era mi oportunidad.

* Hola. ¿Rebeca, cierto?

* Así es, te recuerdo muy bien. Eres el niño que me ayudó cuando llegué al edificio, pero dime ¿Qué tanto me ves? No es la primera vez que me doy cuenta, pero lo había dejado pasar.

* La verdad es que me gustas mucho. Y me preguntaba si tú y yo... ¡ Tengo dinero! No es mucho y supongo que cobras caro pero puedo ahorrar si me dices que sí y pronto te pagaré.

* ¿Perdón? ¡Eres igual de idiota que todos los que viven aquí! Pero pasa... tengo algo que mostrarte.

No entendía muy bien lo que pasaba pero al entrar al departamento algo muy extraño sucedió. En cuestión de minutos me sentí el tipo más imbécil del planeta, no debí, no debímos haberla juzgado de esa manera, la verdad es que todos estabamos equivocados.. Me encontraba muy confundido, apenado y sin palabras.

-No te preocupes, fue un malentendido. Espero que aclarado el asunto no sigas con esa rara fantía tuya porque nunca se va a cumplir, eres un niño pero tal vez cuando seas mayor sí pueda ayudarte a resolver uno que otro problema en mi divá.

Salí muriendo de la pena, no podía contarle esto a nadie y mucho menos a mi mamá, entonces era mejor que siguieran pensando lo peor de Rebeca. Total a ella no le importaba pero yo no iba a permitir que todo mundo se burlara por el ridículo que acababa de hacer.