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Febrero 28: Si hemos leído la obra de Paulo Freire o Enrique Dussel como teóricos de la pedagogía y filosofía de la liberación respectivamente, donde se plantean nuevas formas de pensar las ciencias y el quehacer humano desde el contexto latinoamericano, entonces es momento de revisar una arista igual de interesante y comprometida con la sociedad, esta vez desde la teología de la liberación.

A un par de días de presentar el libro El evangelio social de Raúl Vera, autoría de Bernardo Barranco en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, Fray Raúl Vera López nos permite el honor de conversar con él, así conocer la opinión de un hombre humanista, hombre de fe sumamente comprometido con las causas sociales en México tanto como en toda América Latina.

El Obispo de Saltillo, con agrado y simpatía, nos dio cita en el Centro Universitario Cultural (CUC). Al llegar preguntamos por Monseñor Vera, quien se presentó casual, con ropa de calle, era a primera vista un hombre sencillo, lleno de vitalidad aún a su edad, sin embargo, él esperaba una breve plática con estudiantes, por ello, al saber que habría cámaras en la sesión nos pidió amablemente unos minutos en la recepción, prácticamente, no hubo demora, entonces se nos presentó, tan profesionalmente como quién porta una bata o un uniforme, a la línea, llegó el Obispo Fray José Raúl Vera López luciendo su impecable habito blanco, con una sonrisa estrechó nuestras manos, luego de la presentación habitual nos condujo hacía una pequeña oficina del edificio universitario, un despacho que da directamente a la sala principal, ya acomodados en el pequeño y acogedor cubículo le informé la intención de tener un diálogo con él, jocosamente dijo -bueno, acabo de tener un dialogo con Bernardo Barranco, creo que ya estoy acostumbrado- luego reconoció que su principal motivo para estar en el D.F no era la presentación del libro, sino su asistencia al Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP, donde el funge con el puesto de garante del capítulo México), esta vez su trabajo encaminado hacia El Salvador, añadió -todavía estamos en condiciones de que se juzgue México.- así, entramos en terreno:

-¿Cuál ha sido su experiencia, su trabajo y la transformación que ha tenido desde su salida de la carrera de Ingeniería Química entrada la década de 1960?

-Sabía que tenía que tener una base de conocimiento de ciencias humanas, también una base de conocimiento sistemático y de la ciencia teológica. Cuando salgo de química, no abandoné la carrera porque creyera que no se podía hacer nada, por supuesto, la primera opción era quedarme en la facultad para formar a científicos y técnicos que tuvieran otra visión, pero dije, el espectro que voy a tocar va a ser poco.

Yo creo que México necesita una atención más amplia, quise ir a los campesinos, a un espectro más amplio.

Don Samuel un día dijo: (a las comunidades en Chiapas) “a mi la universidad me dio ciencia, pero con ustedes aprendí a ser hombre”. Yo, en mi ciencia aprendía a traducir, a través de la termodinámica controlar los procesos (químicos de producción), pero… (con gesto de introspección) ¿el por qué de mi vida humana, el por qué de este producto? (señalando su cuerpo con la mano derecha) vamos a suponer, que yo estoy produciendo un herbicida y ese herbicida esta siendo usado para quemar todas las plantas que hay en una selva tropical vietnamita, ahí hay seres humanos, llego porque quiero descubrir esos guerrilleros, arrojo todo eso que quema la materia orgánica, ahí hay seres humanos, que tienen piel,vida...

Por: Luis Alberto Castañón

Fotografía: Yael Zárate

Fray Raúl Vera, sobre su evangelio social.