El D.F. se caracteriza, entre otras cosas, por ser una de las ciudades del país con el mayor numero de diversidad en culturas urbanas: los punks, emos, metaleros y cholos, etc. Forman parte del paisaje común de la ciudad.
La cultura fronteriza, mejor conocida como cholos, nace en la frontera del Norte y llega a México a principio de los años setenta, dicha cultura es heredera directa del movimiento chicano de los años sesentas en los Ángeles California. Surgen como una marca de identidad nacional y resistencia social, cultural y política de la población mexicana que vive desde hace siglos en los Estados Unidos, con la finalidad de protegerse de una cultura gringa que, aparentemente, desde siempre ha atacado a la población latina con pensamientos racistas
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En el cholismo se manifiesta una fuerte búsqueda de reconocimiento expresada de múltiples formas.
Éstas van desde el estilo (en donde entra la ropa, originalidad y el lenguaje), hasta aquellas que se manifiestan en actitudes violentas, esta tendencia de intentar de sobresalir a partir de ser los mejores para pelear o los más valientes.
El cholismo en la Ciudad de México emerge de las colonias populares y de los barrios pobres, como un sentimiento de identificación que los obligaba a crear nexos de solidaridad: el barrio; que funge básicamente como una red de intercambio de bienes, servicios, favores, protección y espacio de poder.
Actualmente los cholos han construido una serie de símbolos, iconos, e identidades nacionales fuertemente definidas a través de la utilización del idioma español, en la manera de vestirse y hablar, de la pinta de murales o placazos (firmas) que encierran códigos de agresión contra la raza blanca. Donde el barrio y la pinta son lo más importante para ellos.
Se les ha pretendido adjuntar un lenguaje cerrado y oscuro, no obstante, gran cantidad de los términos utilizados por los cholos no son invención de ellos ni uso exclusivo, sino que se utilización ha sido practicada por varios años por los jóvenes en la frontera, principalmente por los pobres. En este sentido, el lenguaje surge como respuesta a una necesidad, como una exigencia de la vida misma.
Perdóname madre por vivir la vida loca
Por: Francisco J. Villa Bedolla
Fotografía: Francisco J. Villa Bedolla