“El anciano debe valorarse, es una persona que posee una experiencia enorme que puede transmitir a los jóvenes, sobre todo. Aunque creo que la cultura en nuestro país acerca del cuidado de las personas de la tercera edad, cada vez es menor. Sobre todo los jóvenes han ido perdiendo el interés e incluso el respeto. Debemos dar la oportunidad a los abuelitos para seguir siendo parte de actividades que les permitan sentirse útiles dentro del sistema en el que vivimos”. Así lo comentó la coordinadora del asilo, la Sra. Silvia Sánchez Mercado.
Se realizó una entrevista con Silvia Sánchez Mercado, una mujer que ha dedicado 15 años de su vida al cuidado de personas de la tercera edad en el Hogar de ancianos “Nuestra señora de Guadalupe”. Cuando se habla de la vejez, inmediatamente puede llegar a nuestra mente la palabra muerte; sin embargo, para “Chivis”, como la conocen en el asilo, lo más importante es que el tiempo que las ancianitas tengan antes de morir, sea el mejor. "Cada una de las historias que me ha tocado escuchar ha marcado de alguna forma mi vida, cada muerte, cada despedida".
“Son muchas las razones por las que llegan al asilo, la mayoría de las veces es la propia familia que deja aquí a las ancianitas con el pretexto de no poder cuidarlas, no tener tiempo o la paciencia y digo pretexto porque nos damos cuenta con el paso del tiempo que se escudan en eso para dejarlas abandonadas. Una vez que entran aquí no las visitan, no las procuran pero casualmente cuando fallece, le aparecen hasta los primos lejanos para ver qué pueden conseguir o que les dejó”.
- ¿Qué es lo que te ha motivado a dedicarte al cuidado de las ancianas?
Ese desinterés que tienen los familiares de las abuelitas, no en todos los casos pero sí la mayoría, son una bola de apáticos, incapaces de regalar buenos momentos en esta etapa de la vida de las personas que ya les dieron bastante.
Entiendo que muchas veces hay rencor, no todas las ancianitas han sido buenas personas, muchas de ellas lo reconocen pero no creo que merezcan esa indiferencia. Por otro lado, se encuentran aquellas mujeres luchadoras que han dado todo por sus seres queridos y éstos les pagan abandonándolas y dejándolas a cargo del personal, no las visitan ni en fechas especiales, como navidad por ejemplo. Todo eso me ha motivado a ayudarlas, a cuidarlas y me ha puesto a reflexionar respecto a mi propia familia, al amor, al perdón, tan esenciales pero tan descuidados hoy en día. Lo que me motiva es saber que está en mis manos ayudar a las ancianitas a tener una vida digna mientras se encuentren aquí, ayudar al “bien morir”.
¿Cómo es que ayudan a las ancianas al "bien morir" como tú lo llamas?
El asilo cuenta con instalaciones como: dormitorios, baño, estancia con televisión, comedor, enfermería y una capilla. También, realizan actividades cada tercer día como: Taller de lectura, pintura, artes plásticas, juego de pelota, y algunas terapias que imparte una masajista. Cuidamos mucho su salud y tratamos de mantenerlas ocupadas, ayudarlas a sentirse útiles. La verdad es que no hay mejor terapia para ellas que sentarse a platicar, escuchar sus historias y cumplirles cualquier cosa que deseen, aunque a veces abusan y ponen como argumento que debemos cumplir sus caprichos porque ya se van a morir".
- ¿Qué tan bueno es conceder todas las peticiones que hacen las ancianas con el argumento de que ya están a punto de morir?
Depende de la situación, no debemos olvidar que las ancianitas ya vivieron obedeciendo ordenes, reglamentos, leyes, consejos del médico, problemas económicos, de educación y quién sabe qué tanto más. Por lo tanto, hay que dejarles cierta libertad, sin muchas restricciones siempre y cuando no ponga en riesgo su salud. Siempre tengo en mente el tratarlas con dignidad y respeto, aunque de vez en cuando se porten muy exigentes y hasta groseras, todo eso es normal, es parte de la edad.