REFLEJO | Page 19

CIUDAD EN

MOVIMIENTO

Un viaje muy común

Lunes, 7:20 de la mañana, es normal que la parada del camión se encuentre llena de personas que al igual que yo inician su día. Pasan uno, dos y tres, derramando personas que se sostienen con la punta de los dedos en el tubo que sirve de apoyo para subir. Es hasta el cuarto autobús en el que veo un poco de espacio para nosotros; en un principio pensé que todas las personas que estábamos esperando nunca entraríamos en esa unidad, pero para mi sorpresa a empujones y codazos nos logramos acomodar y con el codo de un oficinista sobre mi cara y la axila de un obrero en mi hombro, inicia mi viaje sobre ruedas hacia la universidad.

Se ve de todo; hombre de traje, albañiles, estudiantes, mujeres guapas y feas; personas de todos los colores, estilos y tamaños. Es admirable la señora que logra mantener el equilibrio con un bebé en brazos, un niño de primaria agarrado de una mano y la enorme mochila en la espalda; sobre todo con los frenones que el operador tiene que dar cada vez que un carro le cierra el paso.

El joven que va sentado esta demasiado entretenido jugando en el celular como para cederle el lugar.

En el camino, el timbre suena una infinidad de veces y como un río, las personas van fluyendo desde enfrente hacia atrás, se van quedando en su destino presumiendo su indeferencia ante todo lo ajeno a ellos.

Después de una hora y trece kilómetros recorridos; desde Bulevard de la Luz hasta Cuemanco, por fin es mi turno de dejar el autobús. En ese pequeño viaje, me empujaron, tosieron en la nuca, golpearon y pisaron. Aún así, mi día apenas comienza y no quiero ni pensar en que tengo que regresar por esa misma ruta.

Francisco J. Villa Bedolla