El proceso fue largo, como el de toda escuela, supongo. Hubo copias, formularios, actas, fotografías, largas filas, páginas de internet caídas y una última y definitiva entrevista. El paredón de fusilamiento. Siete individuos que tienen una trayectoria tan amplia que ya no les es necesario dar los buenos días. ¿A los cuántos años de experiencia podré tener ese beneficio? Es decir, si ya trabajé ocho años, ¿puedo dejar de saludar a Don Panchito el de las carnitas? En fin.
Ese día cometí dos errores. El primero, evidentemente, dar los buenos días, y el segundo, decir que quería contarle historias a la gente. Esto último pareció enfurecer a más de la mitad de la sala. Frases como "Hollywood no es cine", "Si lo que quieres es vender, estás en el lugar equivocado" y "Disney es cine para tontos" llenaron la habitación. Y para concluir, todo se resolvía con la despectiva frase "bueno, es que es comunicólogo". En un abrir y cerrar de ojos, un grupo de personas que parecía hacerme el favor con su tiempo, juzgaba mi amor por el cine. Y así igual en el CCC (Centro de Capacitación Cinematográfica), mismo proceso, mismo resultado, sólo que ahí fui marcado, casi como una letra escarlata, como "cineasta comercial" y sólo porque me gustan las películas de Wes Anderson.
POR: DANIEL GARCÍA
Las caderas de Shakira no mentían. En realidad siempre habían hablado claro y fuerte, pero fue hasta el 2006 que realmente me dieron ganas de comprobar su veracidad. En aquel año, el año del voto por voto y la victoria de Bachelet; el año del Playstation 3 y el cabezazo de Zidane, tomé la decisión de dejar a un lado las mentiras e ir tras mi sueño verdadero… el sueño de hacer cine.
No era la primera vez que hacía algo así. Recuerdo bien el 96, cuando entré al Estadio Olímpico Universitario con la clara intención de ser el próximo goleador de los Pumas. Mención aparte merece mi desbordante fantasía de rockstar. Fantasía tan mayúscula que logré que tíos, tías, primos, medios parientes y hasta vecinos, aportaran para la compra de una batería como regalo de mi cumpleaños número dieciocho.
Así pues, a mis dulces veintiséis, con los bríos de la juventud intacta y con la seguridad que sólo brinda el saberse encaminado a la verdad, me embarcaba en una nueva y maravillosa aventura. Corte a, Daniel es rechazado.
El Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM, es la escuela de cine más vieja de Latinoamérica. A decir de ellos, su objetivo fundamental es la enseñanza de la expresión y las técnicas fílmicas para formar profesionales universitarios en las ramas de Realización, Guión, Cinematografía, Dirección Artística, Sonido, Edición y Producción.
Todo esto está muy bien, siempre y cuando el cadenero, tras ver si traes zapatos o tenis, decida si eres el tipo de persona que merecer entrar al club.
Fotografía: Amanda Safa
Un amor así no debe morir jamás