Entrevista: Bruno Bichir
Ante esta analogía que hizo Bruno, me quedé meditabundo. Ciertamente el teatro representa un gran compromiso ante el espectador, un compromiso que no permite fallas y si las hay, tiene que haber cierta complicidad entre el actor y el espectador. Con esto no quiero desvalorizar el compromiso que representa el acto de hacer cine ni mucho menos infravalorar al espectador, pero ver cine es ejercer poder sobre el filme. Lo pausas, lo adelantas, lo detienes, repites la misma escena una y otra vez simplemente porque te gustó o la omites porque no te gustó. En el teatro, el espectador no puede permitirse pasar por alto alguna escena. Un momento de distracción puede hacernos perder el hilo de un gran discurso o la causa de una gran tragedia. Hacer teatro es mantener una interacción constante con el espectador ya que mantiene atentos los sentidos.
-Me llamó la atención cuando mencionaste la “transformación del espectador”. El actor se transforma por unas horas, lo que dure la obra, pero el espectador ya se transformó. Se posterga su transformación, es perdurable. Entonces, a partir de esta idea ¿cuál consideras que ha sido tu mejor representación en la que digas: “Sí transformé al público?