A pesar de que la cita era a las dos de la tarde, llegué con media hora de anticipación. El lugar concertado fue el Foro Shakespeare específicamente en El Forito. Una noche antes había estado ahí mismo colaborando con Amanda Safa en un proyecto de improvisación teatral tomando fotografías. Pero ésta ocasión asistimos para entrevistar a Bruno Bichir, actor y productor mexicano que ha sido nominado a 7 premios Ariel como Mejor actor y mejor actor de reparto.
Al verlo aproximarse no pude evitar pensar en aquel muchacho que por primera vez, vi en aquella película de Jorge Fons, Rojo Amanecer ni tampoco olvidarme de Abel, el personaje al cual dio vida en El callejón de los milagros. Sin duda han pasado los años por su rostro, no obstante, al conversar con él se puede sentir la jovialidad que emana al expresarse. Se percibe un espíritu inquieto y creativo que se esconde tras la barba canosa y unas gafas redondas.
Nos saludamos como si nos conociéramos de hace años. Le propuse invitarle un café mientras conversábamos. Aceptó y mientras nos servían el latte comencé agradeciendo la entrevista y me dispuse a preguntarle sobre su preferencia al actuar. ¿Qué le gustaba más? ¿Hacer cine o hacer teatro? Fue la pregunta inicial.
-Nací en el teatro, mi mamá es actriz. Ambos se formaron haciendo teatro. Cada vez que recuerdo el asunto les tengo que preguntar ¿qué era el teatro trashumante? La trashumancia pues, es la legua. Ir de pueblo en pueblo haciendo teatro.
Tengo una fascinación particular por el evento teatral y por la gente que se transforma en el evento teatral. Eso es lo que me parece mágico, no un tipo que se sube arriba del escenario. Al contrario el tipo que está abajo.
Me llama más el teatro. Lo que pasa es que el cine es adictivo. Es como glucamato de no sé qué madres.
-¿Qué produce esa adicción?
- No lo sé. Parece ser que el animal que traes ahí colgando (refiriéndose a la cámara). El toro, el animal. Parece ser que es la referencia al lente que todo lo ve y entonces tienes que hacer un grácil equilibrio entre no mostrar y mostrarlo todo. “El cine opera más como la vida”.
La intimidad juega un elemento preponderante en el teatro. O sea, teatro a un metro de distancia del espectador, se empieza a volver una experiencia muy inquietante, incluso para doscientas o trescientas personas.
-¿Consideras que cuando el actor sube al escenario toma prestados los sentimientos y las emociones del personaje al cual
va a representar?
- Es lo ideal ¿eh? Somos ladrones de almas. En su momento a mí me ha pasado, me pasa y me pasó mucho cuando estaba yo aprendiendo lo que termina siendo un oficio, como un obrero. Lo menciono porque me parece más hermoso ser un obrero que ser un ser inalcanzable.
Estoy convencido que todos somos actores, que Shakespeare tenía razón y el teatro sucede en el mundo. El mundo es un gran escenario.
El teatro es como tu mejor matrimonio cualquiera que éste sea. Pero es un ritual, una complicidad; es profundo, es trascendente, es vital. Es mucho más poderoso, es amor cualquiera que esto sea, es amor. Y el cine, o las artes visuales es como tu mejor amante. Es la excitación, es sorpresivo, es misterioso, no te deja descubrirlo, siempre es un misterio constante, es fugaz y probablemente hasta intrascendente.
Por: Yael Zárate