Proyecto Revista Digital | Page 81

Cansada, se tiró a su cama rodeada de todos sus regalos y con la poca energía que le quedaba se puso a abrir cada uno de sus regalos como un teléfono de mentiras, brillos para el pelo, un juego de cocinita tamaño real, un juego de té, etc. De repente se dió cuenta que una de las cajas forrada en un papel llamativo color plateado con un gigantesco moño color rosado con un estampado de corazones de un tono rosa más oscuro; Lucía se levantó repentinamente con la mirada fija hacia la caja y fue directo a ella sin ninguna distracción en la mente, la abrió rápidamente y al ver lo que había adentro se sorprendió tanto que empezó a saltar y a gritar de la felicidad, era un ¡Perro!, un perro pequeño, peludo, color café claro, ojos grandes, tiernos, llenos de amor y felicidad con una pequeña cola que se movía de lado a lado inquietantemente, era un ¡Perro!, un simple perro de peluche. Al darse cuenta que aquel perro en realidad era un perro de peluche sintió una muy gran decepción por lo que lo aventó con fuerza y enojo sobre su cama.

Después de tal decepción se le quitaron las ganas de seguir abriendo sus regalos. Lucía se encontraba muy triste y cansada; lo único que la podía hacer feliz en ese momento, era ese especial, único e inigualable libro que le habían acabado de regalar sus tan preciados abuelos.

Así que empezó a buscarlo entre todo el papel y cajas de regalo que se encontraban tiradas en el suelo de madera de su gran habitación. Después de unos largos veinticinco minutos de búsqueda implacable, cayó rendida a su cama desesperada y al borde de las lágrimas, un vago recuerdo le cruzó por la mente de la última vez que había visto su preciado libro.

Bajó rápidamente corriendo las escaleras con la mente puesta en el sillón izquierdo de la sala de su casa donde recordaba haberlo visto. Al llegar a la sala miró en todos lados, en cada rincón e incluso hasta en el más inhóspito lugar de la sala, ya que ahí era el lugar de sus recuerdos en donde podría estar el libro. Pero después de buscar por un largo tiempo sin parar se dió cuenta de que era una misión imposible y una pérdida completa de su tiempo.

A punto de rendirse, Lucy como último recurso le preguntó a sus padres dónde había quedado ese libro, sus padres se miraron mutuamente con una cara de rareza y dijeron:

no se preocupara, ya que aún no lo habían regalado. Minutos más tarde sus padres le dieron el libro, ella no pudo evitar saltar de felicidad al momento en el que recibió el libro en sus pequeñas y delicadas manos.

Lucy llegó a su cuarto con su preciado libro en las manos, prendió su lámpara rosa, se acurrucó entre las sábanas y cobijas y abrió desesperadamente el libro. La primera página que observó fue la número veintitrés, donde entre muchas fotografías destacaba una en especial que mostraba un edificio con mucha amplitud, con un estilo antiguo, lleno de color y bella arquitectura.