PROYECTO LUNÁTICOS (Nº6) | Page 4

Álvaro se encontraba solo en la calle, cuando de repente cayó una brusca tormenta. Entonces se tuvo que refugiar en un puente donde había muchas goteras. Se tapó con unos trozos de cartón, pero cuando amaneció se puso a llorar porque el tempestuoso viento se había llevado el cartón, dejándolo bajo la fría intemperie. Al llegar la noche, vagaba por un barrio y se refugió en una casa en ruinas. Álvaro se miró al espejo de esa casa y le apareció un hombre que le dijo:“ Por favor, ¡ ayúdame!”
Con un brusco giro por el susto se dio la vuelta y vio a un señor anciano con cara de felicidad y a la vez tristeza, con una expresión indecisa, Álvaro le preguntó qué le ocurría. Y el señor le preguntó con una suave voz que si había visto alguna persona extraña, le explicó que habían entrado a su casa y le habían robado un anillo de oro y él había salido a buscar al ladrón, tras unos segundos de un pensativo silencio, el anciano le preguntó lo que hacía por esas frías calles del barrio y el le explicó que había perdido a su pequeño hamster y había salido a buscarlo, los dos pasaron un rato buscando pero no encontraron nada.
Llegó la pesada noche, y el frío se hizo
insoportable. Álvaro y el anciano se sintieron desolados como almas en pena que vagan. Entre las sombras de las calles creían ver

Llegó la Noche y No EnconTré AsiLo

RelaTo escriTo por Víctor Gutiérrez, Erik Marín, Víctor Martínez y Jesús Roche

Álvaro se encontraba solo en la calle, cuando de repente cayó una brusca tormenta. Entonces se tuvo que refugiar en un puente donde había muchas goteras. Se tapó con unos trozos de cartón, pero cuando amaneció se puso a llorar porque el tempestuoso viento se había llevado el cartón, dejándolo bajo la fría intemperie. Al llegar la noche, vagaba por un barrio y se refugió en una casa en ruinas. Álvaro se miró al espejo de esa casa y le apareció un hombre que le dijo:“ Por favor, ¡ ayúdame!”

Con un brusco giro por el susto se dio la vuelta y vio a un señor anciano con cara de felicidad y a la vez tristeza, con una expresión indecisa, Álvaro le preguntó qué le ocurría. Y el señor le preguntó con una suave voz que si había visto alguna persona extraña, le explicó que habían entrado a su casa y le habían robado un anillo de oro y él había salido a buscar al ladrón, tras unos segundos de un pensativo silencio, el anciano le preguntó lo que hacía por esas frías calles del barrio y el le explicó que había perdido a su pequeño hamster y había salido a buscarlo, los dos pasaron un rato buscando pero no encontraron nada.

Llegó la pesada noche, y el frío se hizo

insoportable. Álvaro y el anciano se sintieron desolados como almas en pena que vagan. Entre las sombras de las calles creían ver