Como muchos empresarios y empresarias, tuvo que atravesar uno de los momentos más complejos de la historia reciente: la pandemia. Con cerca de 40 personas a su cargo, las decisiones no eran opcionales. Eran urgentes y hasta definitivas.
Esa etapa marcó un antes y un después en su forma de ver el negocio, la gestión y el liderazgo. Le dio perspectiva, criterio y una comprensión profunda de lo que realmente implica sostener una empresa en escenarios inciertos. Esa experiencia es parte de lo que quiere compartir actualmente.
Desde la honestidad, porque también reconoce algo que muchas veces no se dice: la mayoría de los negocios fracasan no por falta de ilusión, sino por falta de preparación.
“Antes de emprender hay que informarse, entender la parte fiscal, la gestión, los costes reales. No basta con tener ganas”, señala.
Para Yasmina, la actitud es clave. Pero no es suficiente sin estructura. Su visión del emprendimiento es clara: requiere mentalidad, estrategia y capacidad de adaptación. Implica saber negociar, anticiparse a escenarios y tomar decisiones que, muchas veces, no están en ningún manual.
Esa visión, sumada a su experiencia directa como empresaria, la ha llevado recientemente a asumir un nuevo reto: formar parte de un proyecto vinculado al ámbito institucional, desde donde trabaja en el desarrollo de iniciativas enfocadas en pymes y emprendimiento.
No desde la teoría. Desde la práctica.
“Hay mucha ilusión al empezar, pero poco conocimiento sobre cómo sostener un negocio”, afirma con claridad.
Y es precisamente ahí donde hoy quiere generar impacto.
Porque si algo ha aprendido Yasmina, es que emprender no es solo tener una idea. Es entender el contexto, anticiparse, tomar decisiones difíciles… y, sobre todo, resistir. Especialmente cuando no todo sale como se esperaba.