da), sino para sobrevivir.
Doy gracias y me siento orgulloso, no de lo que tengo, sino de lo que soy gracias a
ellos.
Y esa es la primera cosa por la que voy a dar gracias hoy en esta ocasión tan bonita y
tan importante.
Por eso, la presencia de los mayores hoy aquí, significa todo el sacrificio y todo el trabajo, penalidades y durezas del pasado. Y también significa toda la generosidad que
hubo en su época para mirar hacia adelante y poder avanzar, a pesar de todo lo que
había sucedido, intentando construir una convivencia de las más absolutas ruinas físicas y morales.
Se trata de un pasado que la gente de hoy ha olvidado o incluso desconoce. Pero es
el que ha permitido que Villaseca, siga llamándose Villaseca y siga siendo un pueblo.
¿Y, qué es un pueblo? ¿Un grupo de casas? Yo os digo que no. Un grupo de casas es
una urbanización. Un pueblo es, según yo lo veo, todo ese pasado hecho presente en
una gente que ha de mirar al futuro con esperanza.
Una gente con esperanza y una gente que se relaciona entre sí. Eso es un pueblo.
Sólo con instinto de supervivencia, no se sobrevive.
Hace falta, además, un poso de esperanza. Y os digo
que alguna esperanza debían de tener los antiguos
cuando siguieron adelante en situaciones que hoy día
ni imaginamos. Quizás esperanza de darles a sus hijos
un mundo menos bárbaro, un entorno un poco mejor.
Y hoy, (segunda cosa por la que le doy gracias al Arcángel), vivimos mucho mejor que antes.
La gente se queja mucho porque hay paro, porque
todo cuesta mucho, porque nos fríen a impuestos, porque nos pesa el yugo de las hipotecas y las amenazas
de los abusos laborales. La gente hasta se queja si la
tele no funciona, si hoy el wifi va muy lento o si su equipo de fútbol ha perdido. Pero echando la vista atrás,
más paro había antes, más hambre, más miseria, más
penalidades, más abusos, y desde luego nuestros
abuelos muchas veces no tenían ni ganas de pensar en tantas banalidades que ahora
nos preocupan porque tenían que pensar en cómo cocer el pan de la semana con
muy poca cosa y en llenar las barrigas de los que tenían debajo. Ante eso, ante esa
realidad y ese pasado, a mí muchas veces me parece que de lo que nos quejamos es
de vicio, y que quejándonos nos quedamos más inmóviles y hacemos menos porque
parece que nos justificamos.
Nosotros no hemos tenido que hacer turnos día y noche