Estimados todos:
De cara a la festividad del Santo Ángel, echamos un poco la vista atrás
y vemos que hemos pasado otro año más que, según están las cosas,
no es moco de pavo.
Hemos andado un año azaroso en lo económico y, por ahora, todavía
tenemos la cabeza fuera del agua. Villaseca sigue existiendo, seguramente con algún capote que otro que nos ha echado nuestro Santo
Ángel, que se ha ganado el sueldo y, a buen seguro, habrá sudado lo
suyo.
Y yo creo que tenemos que echarle una mano, porque eso de dejarles toda la responsabilidad a los santos no es de recibo. A ver si se van a acabar cansando y nos
van a dejar por imposibles.
A quien más le ha de importar el pueblo es a los vecinos, así que todos tenemos que
trabajar en lo que podamos para que esto no se pierda. La corporación municipal
hace lo que puede con los medios que tiene, que no son muchos (y cada día nos
dejan menos), y sin la ayuda de los vecinos nada se conseguiría. No se puede dormir uno en los laureles y confiar en que
“eso no va conmigo”, “si no me pagan,
no muevo un dedo”, “voluntario ni pa
mear” y todo eso que se oye de vez en
cuando. Porque nos encontraremos, si no
echamos una mano, con que dentro de
unos años (quizás menos de los que nos
imaginamos), Villaseca puede acabar
siendo una pedanía de otro pueblo y
estaremos gobernados por gente de otro
pueblo, para gente de otro pueblo, pero
con nuestro dinero.
Me preocupan seriamente cuatro cosas (os voy a escribir muy clarito, tal y como yo
hablo. Los que me conocéis ya sabéis que no me gustan las medias tintas):
1.- Una, la despoblación. Dentro de unos años quedarán dos o tres casas abiertas
en el pueblo, y otras pocas como casas de fin de semana y de veraneo. Un pueblo
sin gente es un pueblo muerto. Un pueblo sin vida y sin recursos. Luchemos para que
la gente joven pueda implantar aquí su pequeño negocio; para que no se nos cierre el Hogar del Jubilado (que es el corazón de la vida social del pueblo); para que
un día podamos contar (por qué no) con una tahona o con cualquier otro negocio
estable, con una familia estable detrás.
2.-Dos, el interés de unos pocos en las tareas de voluntariado en favor de necesidades del pueblo es parejo con el desinterés de otros por las mismas. Las cosas no se
hacen solas. Y, desgraciadamente, no tenemos un duro para pagar a nadie. Por
eso, hay que hacerlo sin cobrar. Por eso y por dos razones más: el bien común y la
satisfacción personal. Ese va a ser nuestro único sueldo. Espero que cada vez haya
más gente a la que le baste con esto. Los que no lo hayáis experimentado todavía,
probadlo, porque no es mala recompensa. Sobre todo la mucha gente joven que
podría ayudar pero prefiere quedarse en casa. Su trabajo es necesario, porque
cuando los mayores no estén, o lo hacen ellos, o no tendrán pueblo donde venir a
divertirse.
5